Los dos chicos entretanto, se trasladaron a mis piernas y se empezaron a frotar respectivamente el nabo cada uno con uno de mis pies suave y lentamente. Vicky se abrió el chocho en mi cara, supuse que mi castigo sería chuparlo. ¡Vale! después de lo anterior necesitaba un refuerzo de mi masculinidad y chupar todo un señor chumino me ayudaría “pensé” y me dediqué a besar lentamente los labios externos de su coño suave y perfumado, húmedo hasta gotear sobre mi pecho. Bendito castigo... En eso las bofetadas de Martina se mantenían más suaves, casi en una caricia, marcando el ritmo que debía seguir con la lengua en los entresijos del coño de Vicky que cada vez me estaba gustando más. De pronto, apenas cinco minutos desde que empecé a chuparla noté que Vicky comenzaba con los espasmos propios

