Podía ver sus cejas alzarse; mi teoría no era tan descabellada. A fin de cuentas, aquel hombre había sido su mejor amigo y era capaz de llegar muy lejos. —Pero, ¿por qué esperarían hasta después de una adquisición total? —preguntó Fiona. —Para hundirnos. Si su hija no puede tener la compañía, entonces nadie la tendrá —respondió mi padre. Todos nos quedamos en silencio hasta que él volvió a hablar: —¿Dónde está esa niña inútil? —Tengo a mis hombres buscándola. Empezaremos por el abogado. Una vez vino a buscarla, pero nunca la retuvo… tal vez la encontró —respondí. —Vamos, chicos, nadie planearía algo así para el futuro. Creo que le están dando demasiado crédito al padre de Valeria —intervino Fiona. —¡No le estamos dando ningún crédito! ¡Simplemente nos hemos quedado sin malditas teor

