Empezó a enseñarme todos los aspectos básicos de su empresa una vez que los videos terminaron. Al principio estaba cautelosa, pero cuando noté que sus ojos se desviaban hacia mi pecho, no tuve más remedio que distraerlo respondiendo con precisión a cada pregunta. Sin embargo, cuando hablaba de su imperio, su tono cambiaba: se volvía serio, enfocado, casi inspirador. Entonces comprendí cómo había construido todo aquello. En los negocios, Damián estaba en la cima de su juego. Ni una sonrisa, ni una mirada fuera de lugar; solo concentración absoluta. Podía ver claramente que estaba decidido a moldearme. Mi mente, dormida durante los últimos cuatro años, empezó a despertar. Gracias a ella, respondí cada pregunta correctamente. Luego, con un clic del control remoto, la pared opuesta se transf

