—Lo mataría si tú aceptaras esconder el cuerpo —dijo. Sus palabras me dejaron helado. Esperé a que se retractara, a que dijera que solo bromeaba, pero no lo hizo. Hablaba completamente en serio. No era la misma Valeria que conocí hace unos días, la mujer insegura y temerosa. Algo en ella había cambiado durante mi ausencia, aunque no tenía idea de qué. Se aclaró la garganta y continuó con voz temblorosa: —Durante los votos… solo le pidió a Fiona un cerebro funcional en su matrimonio, Damián. Se estaba burlando de mí —dijo, con lágrimas corriéndole por las mejillas. No respondí. Me limité a observarla en silencio, concentrado en su rostro. —Perdón por arruinar tu cena… y por la pregunta estúpida que te hice antes —añadió mientras se secaba las lágrimas con el dorso de la mano. —Es que

