Le gritó: —¡Hazlo, dispárame! ¡Eres tan tonta! Ella sonrió… y le escupió en la cara. Me dejó helada. Volvió a sonreír mientras Víctor cerraba sus ojos hinchados con asco. —La próxima saliva caerá en tu boca —advirtió antes de sacar su teléfono, enviar un mensaje y volver a centrarse en nosotros—. Es una pena que el gordo y estúpido hijo no esté aquí. Me encantaría meterle esta pistola en su boca a ese idiota… pero no está —dijo, y luego añadió con dureza—. Aunque creo que Fiona entiende perfectamente de qué hablo… o quizá solo se casó por los beneficios económicos, ¿no? Quise golpearla, arrebatarle la pistola y acabar con su teatro, pero bajo la chaqueta no llevaba nada. Cualquier movimiento mínimo me expondría, revelando mi aventura con Víctor. Así que tuve que quedarme allí, sentada

