Supongo que fue porque Julián se veía tan feliz. Comparé su alegría con la de mi propia boda… y comprendí que habría notado todas las banderas rojas si no hubiera estado tan ciegamente enamorada de él. Solo cuando Néstor apareció volví a la realidad. Cerré la tableta de golpe y fingí que estaba navegando en f*******:. No estaba segura de si podía confiar plenamente en él. Pasaron cinco días en total. Me sentía agotada y resignada. A Damián le quedaban solo veinte días en su reloj, según sus propios cálculos. Néstor se sentó a su lado, recién bañado y con su habitual aire tranquilo. —Valeria, deberías reunirte con la junta directiva. Hay personas influyentes que podrían ayudarte a reclamar tu empresa —dijo. —No. Ya los escuchaste —respondí con frustración—. Quieren oír la voz de Damián,

