—La buena noticia es que las células replicadas no parecen haber aumentado. ¿Estás seguro de que no tomaste nada por error? —preguntó. —No, solo tomo analgésicos —respondí. Pero no parecía satisfecho. Según él, algo había cambiado: debería haberme quedado sin glóbulos blancos y ser vulnerable a todas las enfermedades. —¿Qué has hecho diferente? ¿Dieta? ¿Ejercicio? —No. Me quedo en la cama todo el día y juego con mi tableta —expliqué. El silencio cayó entre los dos. Él solo me observó, perplejo. —¿Entonces… estás diciendo que no voy a morir? —pregunté. —No. Te estás muriendo. Todavía puedo darte unas semanas de vida, pero algo ha retrasado tu muerte. No sé cómo describirlo… es como si el tiempo se hubiera detenido y este mes no hubiera pasado. Algo se congeló, y quiero saber qué fue.

