—Sí, Julián, la veremos todos los días —respondió finalmente Fiona, con una sonrisa que no alcanzó sus ojos. —¿Y querrías que yo te abandonara después de solo cinco años si esta fuera nuestra situación? —pregunté, intentando contener la rabia que se acumulaba en mi pecho. —Julián, ese no es el punto —replicó ella con tono firme—. Estarás demasiado ocupado consolidando la empresa después de esta adquisición. No importará si tu madre vive aquí o en otro lugar; no tendrás tiempo para cuidarla. —Se acercó un poco más, su perfume llenando el aire—. Todo lo que quiero es un hogar estable, un lugar adecuado para criar a nuestros hijos. La miré sorprendido, luego dirigí mi atención a mi padre. —Pensé que habíamos acordado esperar un año antes de formar una familia —dije, desconcertado. Fiona

