—No habría tenido el valor de hacerte esas preguntas si tu precioso escote no estuviera cubierto —dijo con descaro. —¿Qué? —pregunté, furiosa. —Los hombres piensan con el pene, Valeria. ¿Imaginas lo idiotas que se vuelven cuando una mujer entra mostrando sus… activos? —respondió con una sonrisa. —¿Entonces quieres que me rebaje a ese nivel? —le solté con indignación. —Es solo estrategia. Una mentalidad —replicó con calma. Lo miré sin entender si hablaba en serio o solo me provocaba. Finalmente, lancé una pregunta que me rondaba la cabeza: —¿Y si uno de los miembros de la junta es gay? —Por eso estaré susurrándote al oído —dijo con seguridad—. Si te abruman con preguntas, mantén una sonrisa y deja que mi voz te guíe. Lo tienes, Valeria. Eres inteligente. Era desconcertante: un minut

