Después de todo el rechazo, las malas críticas y las burlas de cada profesor, había creado una especie de diálisis basada en un sistema de filtración y transfusión sanguínea. Me sentía como si estuviera en la cima del mundo. Iba a funcionar, tenía que funcionar. Era mejor que nada. Me repetía eso una y otra vez para tranquilizarme. Pero, en el fondo, sabía la verdad: necesitaba probarla en un sujeto infectado, y el único infectado era Damian. La máquina podía matarlo al instante… o salvarlo. Era una apuesta, una con la que no podría vivir si salía mal. Miré el reloj: ya eran las ocho de la mañana. Apagué la máquina y salí del garaje. Evidentemente, Damian me estaba buscando. Entré en la casa con la cabeza agachada, pensando en mi siguiente movimiento. Encontré a Néstor asistiendo a Dami

