No estabas, tu banco vacío carecía de gracia. Me tenías con el alma en un hilo. Me senté en una esquina a esperar que llegues. Y después de lo que pareció una eternidad al fin apareciste. Era la primera vez que llegabas más tarde que yo, tú siempre eras puntual y el primero en entrar al salón. Me miraste rápidamente y creí verte desorientado. No me dirigiste la palabra, observaste a los demás y buscaste un lugar apartado del mío. ¿Y tú saludo de todos los días? Me sentí decepcionada. Cuando las siguientes personas llegaban tu sonrisa no aparecía con ellos y mucho menos tus saludos, para ellos tampoco articulabas tus ‘’holas’’. Tu mano ni siquiera pasaba por tu cabello exageradas veces. ¿Estabas nervioso, despreocupado, indiferente? ¡Cómo saberlo! Tu cuello ni siquiera se volteó u

