Llegué a mi casa, me encerré en mi cuarto y esperé hasta calmarme. Lagrimas infrenables rodaban por mis ojos. Estaba en mi cama, observando el techo que se veía deformado a través del agua que estorbaba mi visión. Con un nudo en la garganta que me impedía sentirme en paz. En mi mente, tu imagen desapareciendo sin decir nada junto con la de ella burlándose de mí se repetía una y otra vez. Ojalá pudiera haber dormido para no reproducir esa película desgarradora, pero pegar un ojo me era imposible. Me debatía en una guerra entre volver y enfrentar la situación, darte explicaciones, hablar de lo ocurrido; o quedarme y dejar que tú siguieras con tu vida, que la confusión reinase entre nosotros. Tu sonrisa y tus hoyuelos acudían a mí como pruebas de lo que probablemente perdería después de

