Julieta Nervios. Eso era lo que sentía en este momento, unos nervios incontrolables que me recordaban que en cualquier momento podía caer, que cualquier cosa podía salir mal, sólo que debía seguir aguardando, hoy era el día del concurso, el cual saldría en televisión, por lo que yo estaba temblando. ¿Y si me caía? ¿Y si cantaba mal? ¿O se me rompía la guitarra? Si Alana me escuchara... Me tiraría un zapato en la cabeza para que reaccionara y dejara de caminar de un lado a otro, me hacían mucha falta mis amigas, mis verdaderas amigas. El único consuelo era Fabio, quien se la pasaba conmigo, haciendome olvidarme de las cosas que me pasaban, el remordimiento de consciencia por el beso de Mateo no desaparecía, y estaba a punto de contárselo y acabar de una vez por todas con este peso

