Julieta Habían pasado tres meses, desde que me mude a Italia, no podía decir con certeza que todo había sido bueno, pero no me quejaba, siempre pensé que las dificultades no eran precisamente eso, sino oportunidades de crecer, de hacerte más fuerte. Y eso era lo que había echo, fortalecerme al punto de que no me importaba nadie más, nada más, estaba feliz en mi burbuja, por primera vez sólo quería quedarme en casa y ver una película, sólo que esta vez, en vez de hacerlo sola, tenía compañía. Mis pies calzados en medias hasta la rodilla se mueven hacia la puerta al escucharla, abro sonriente dándole un abrazo a la persona frente a mi. —Creí que no vendrías. El niega con la cabeza dejando un beso en mi mejilla. —Claro que si, sólo que yo no tengo una obsesión con la puntualidad.

