Narrador. Miguel estaba que lo pinchaban y en lugar de sangre botaba lava, por ser engañado por Clarisa, quien en vez de estar en medio de un aborto como le dijo mediante la llamada, estaba realizándose un chequeo médico en el cual participaba; escuchando los latidos del corazón del feto dentro de ella por el cual él no siente nada. —Escuchaste amor, nuestro hijo tiene catorce semanas, y ahora fue que me hizo saber de su existencia—, tomaba Clarisa su mano tratando de tocar con sus palabras el corazón de padre de Miguel, pero él estaba aún con su pensamiento de que ese niño solo representaba en su vida un problema que no está dispuesto a aceptar. La doctora lo miró y la sonrisa que la mujer mostraba gradualmente se borró cuando vio que en la mano izquierda de miguel había una argolla de

