SNOWMAN

1771 Words
“El amor conquista todas las cosas. Démosle paso al amor.” (Virgilio)   Austin.- La espera está carcomiéndome, he pensado muchas veces en Maddie, estoy enloqueciendo. Pensar que podría estar en peligro me eriza la piel de pies a cabeza, hace algunas horas que envié a los escoltas en busca de Maddison, no he obtenido ni una sola respuesta… creo que, lo que más me ha matado este tiempo de espera es pensar que, no estoy con ella para protegerla. Me levantaba de la cama por instinto, caminando de un lado a otro, moviendo mis manos con impaciencia, no puedo creer que me encuentre encerrado en este lugar, sin la oportunidad de cuidar a la chica que amo, eso creo en mí una duda… ¿he hecho algo para proteger a Maddison todo este tiempo? De un momento a otro me detuve, no pude formular una respuesta a dicha pregunta. Maddie ha hecho tantas cosas por mí, y yo no he hecho una sola cosa buena por ella ¿eso no me convierte en un idiota? No estoy lejos de serlo, la he lastimado, la he irritado, la he herido, la he rechazado y pare de contar… ¿Y si nunca tendré el placer de devolver todo el bien que ella me ha hecho? Son precisamente los pensamientos que me hacen cuestionar mi cordura, ni siquiera sé si esto de amar me funciona ¿lo hago bien? Creo que no, bueno… estoy seguro de ello. Aunque, todo de mi sabe que, haría por ella hasta lo imposible, aun si mi vida dependiera de ello. Interrumpiendo mis pensamientos, escuche pequeños golpes a la puerta marcando algo de insistencia. Sonreí por lo bajo, esperando escuchar aquellas molestas voces que suelen seguir a los golpes con insistencia de mi puerta, pero no… nunca llegaron. He de admitir que he extrañado mucho a esos buenos para nada, parte de mí se ha involucrado con ellos para sentir el calor fraternal de una familia, extraña y disfuncional, pero familia es familia; mucho más cuando se vive con amor. Andrew y Travis han sido personas que han dejado una marca en mí, me han permitido ver y entender que, aun cuando las cosas van mal, siempre habrá alguien que te impulse a seguir adelante. De forma inconscientemente, aquellos toques despertaron un recuerdo en mí. — Eh eh eh, Andrew déjame tocar a mí tu llamas cómo nena — Tú deja de fastidiarme, Austin ya debió haberme escuchado — Ni siquiera con un megáfono te habría escuchado, hablas cómo idiota. — Tú eres idiota — se escuchó un ruido parecido a un ¿manotazo? — No, tú eres el idiota.                                 — Troglodita — Nena — Bobo — ¿Bobo? Es en serio Andy? Eso fue lo más gay qué escuche — risas. — Déjame en paz — manotazo — AUUUCH basta de eso idiota, duele Me siento nostálgico ¿no volveré a verlos? No lo sé… Me encamine hacia la puerta, ignorando el nudo que se estaba formando en mi garganta, me acerque al pestillo y deje entrever a la persona detrás de dicha insistencia. — Señor, tenemos noticias de la chica. Eso me alerto de inmediato. — Pasa. Se adentró en la habitación y pude notar cuan sudoroso y nervioso estaba, eso me dio muy mala espina, me sentí de inmediato incómodo. Tratando de ignorar los pensamientos negativos y erráticos de mi mente, me dirigí hacia él, ofreciéndole asiento. — Gracias Austin. Tome asiento en una de las sillas disponibles, mis manos sudaban y mi pecho latía muy rápido, una sensación desagradable se formó en mi estómago, siento que la espera ha causado en mí una forma alterna del estado de Maddison ¿Y si no está bien? Eso me preocupaba más que cualquier otra cosa. — ¿Y bien? ¿Qué es lo que has averiguado? — Veras Austin… hemos llegado hasta la zona que nos indicó su padre, en una larga búsqueda llegamos hasta la única cabaña a la vista, estaba muy alejada de la ciudad, incluso de la calle, toque la puerta muchas veces, pero nadie me recibió, al inicio pensé que la señorita Jones tendría miedo de mi por… usted ya sabe — Necesito que termines y pares de pensar una respuesta sensata para mí, estas frustrándome. — Perdóneme señor. — se revolvió en su asiento y siguió — al notar que nadie atendía a mis llamados, intente mirar por la ventana, buscando un indicio o quizás a alguien que pudiera ayudarme, pero no pude ver nada más que muebles y cosas decorativas. — Al grano Snowman Antes de continuar, aclarare que esta era una situación sumamente seria para mí, por lo que llamarlo “snowmen” no era un mal chiste de mi parte por su aspecto, realmente se llamaba de ese modo, la primera vez que supe que sería mi escolta me reí a carcajadas. — Necesitaras un escolta personal. — Se defenderme Smith — No pregunte si sabias defenderte, te dije que vas a tener un escolta. — Y yo digo que no será así. Masajeo sus sienes con frustración — Austin, no tengo tiempo para niñerías, lo tomas y te callas la puta boca. Puse dramáticamente los ojos en blanco. — Bien. Se giró en dirección a los hombres que estaban de pie frente a nosotros, con sus manos en sus espaldas, cargados de todo tipo de armamentos, con una expresión fría y llena de hastió. En una exhaustiva búsqueda Dustin hablo finalmente. — Snowman, tú serás su escolta. Intente ignorar la situación hasta que lo escuche decir su apodo — ¿Snowman? — Repetí con confusión —  ¿Qué clase de nombre es ese? No es original, mucho menos para un matón. Un hombre robusto, exageradamente alto, canoso de no más de 40 años se paró frente a mí. — Es mi apodo señor. Intente contener las risas que amenazaban con salir, aun cuando intente no reírme en su cara, la carcajada salió de forma escandalosa (Mal hecho, no practiquen esto en casa, es considerado bullying) pero es que… su apodo le daba tanta vida a su aspecto que me resultaba muy ingenioso. — Lo siento, lo siento. Después de conocer su historia, mi perspectiva de aquel hombre cambio completamente, no intento justificar sus actos, solo que todos tenemos algo que contar, más aun cuando hemos sido obligados a vivir una vida mísera a causa de otros. Snowman estaba parado frente a mí, con una expresión fría, intentando supervisar lo que hacía, aquella pregunta salió de mí sin pensarlo, solo la hice — ¿Por qué estás aquí? Mi pregunta lo tomo por sorpresa, su expresión cambio a confusión de inmediato. — Soy su escolta señor, debo cuidarlo. Negué con mi cabeza de forma instantánea — Eso lo sé, no me refería a esta habitación exactamente, me refería a ¿Por qué estás aquí haciendo esto? Su cara mostró asombro total ante mi insistencia. — Lo lamento señor, no comprendo el punto. — ¿Te gusta hacer esto? ¿Lo disfrutas? Bajo su mirada mostrándose apenado. — Yo solo… es trabajo señor. — ¿trabajo? — Sí… una hija a la cual le debo mi responsabilidad como padre. — ¿Esa responsabilidad se atribuye a matar sin control? ¿Qué ejemplo le das? — Comprendo lo que piensa y siente por mi señor. Pero, no he matado a nadie. Eso me tomo totalmente por sorpresa — ¿No has… matado? — No señor. Suelo fingir que lo hago, pero no es así. — Si no quieres hacerlo ¿Por qué lo haces? — Porque no quiero ver que mi familia corra peligro señor. — ¿A qué te refieres? Suspiro de forma sonora — Es una larga historia señor. — Como ves mi querido Snowman, tengo todo el tiempo del mundo. — Fui escolta de un senador muy reconocido en mi antigua ciudad, una noche estaba custodiando yo, estaba durmiéndome en mi asiento, había estado la noche entera preparando unas cosas para el cumpleaños número 4 de mi hija Camille, lo que me hizo quedarme dormido en aquella silla, me desperté de golpe cuando unos gritos ensordecedores se escuchaban por todo el lugar. — ALFRED…  Escuche como si algo estrujara su garganta haciéndole imposible el hecho de poder terminar aquella suplica. Conocía esa voz, el senador Marshall…. Corrí, lo hice rápidamente, cuando llegue a su habitación estaba, muerto. Las personas me culparon a mí por aquel hecho, me amenazaron con matar a mi familia por lo que hice. Iba de regreso a casa tratando de huir, cuando llegue, unos hombres tenían amordazadas a mi esposa y a mi pequeña, cuando intente defenderlas uno de ellos tomo su arma… asesino a mi esposa a sangre fría. Fui por Camille, la tome en mis brazos y corrí, corrí todo lo que pude para protegerla. Hui a Canada, pero el delito que creen que había cometido arremetía cargos en mi contra, por lo que no podía conseguír un trabajo para mantener a mi hija. El señor Smith me contrato como su escolta, pensé que era un hombre de negocios pero… no era así. Pero no podía irme, no después de que me ayudara sabiendo lo que sucedió. — Dejaste que muriera ¿no es así? — Yo… me quede dormido señor. — No necesito explicaciones, solo necesito saber qué es lo que harás con la pequeña. — No hay nadie para ayudarme señor, mi esposa fue asesinada y soy lo único que tiene. — Bien, trabajaras para mí y me encargare de dejarla con alguien que cuide de ella mientras ocupas tu lugar como escolta. — Gracias señor, muchas gracias. — Desde ese entonces, no me he apartado de él. Mi hijo Camille tiene 9 años ahora y es una chica preciosa e inteligente señor. — Llámame Austin, gracias por contarme tu historia Snowman Saber aquello me hizo pensar en la humanidad que hay detrás de estas personas, Dustin siendo cortes y un matón siendo un buen padre. Hemos sido inseparables desde entonces… — Bien Austin, la cosa es que… no está. — ¿Qué? ¿Cómo que no está? — La busque por todos lados, incluso rodee la casa para buscar alguna pista o indicio, todo lo que pude ver fueron unas marcas de llantas en el lodo, es como si hubieron sido hechas esta mañana — ¿Crees que haya huido? — Creo que la han llevado a algún lugar Austin. La desesperación se apodero de mí — Ya no soporto más no saber de ella, esto está matándome. — Tranquilo Austin, pensaremos en algo. Necesito hallarte Maddie…  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD