“Donde no hay amor, poned amor y encontraréis amor.”
(San Juan de la Cruz)
Austin.-
¿Qué si estaba volviéndome loco? No lo sé con certeza, solo sé que estoy decidido a todo por ella. Dustin no ha dejado de mirarme con fascinación las últimas horas, incluso cuando lo único que he hecho es dar respuestas insulsas y degradantes a su persona, no me siento con el suficiente animo como para mandar a la mierda a todos por tanto tiempo, sé que Dustin espera una reacción “original y activa” de mi parte, reacción que no obtendrá, una vez este Maddison sana y salva, haré lo que sea para zafarme de ser un hijo de puta, aun si deba morir en el intentó. ¿Qué si estoy planteándome de que cometí un error? Veras… he cometido tantos errores en mi vida, tú has estado conmigo en cada uno de ellos, pero en esta precisa ocasión siento que, esto es por mucho uno de los pocos no errores que tengo. Aprendí qué hacemos cosas sin sentido por aquellos que amamos, una vez escuche que, amar realmente es la felicidad del otro, aun cuando la tuya peligra, y yo no lo entendía, no hasta el día de hoy. Aunque mi corazón se ha desgarrado completamente tras la ida de Maddison, sé que estará en un mejor lugar. Me encargare de que nada malo le suceda. Toda mi vida se ha basado en dolor, pero esta vez haré que algo bueno surja de todo lo que he hecho hasta ahora. Maddison dijo algo antes de irse que se quedó grabado en mi mente.
Hazlo por mí, por Caroline, por Malcom, por los chicos, por nosotros…
Precisamente por todo esto lo haré.
— Siempre pensé que eras demasiado bueno. Aunque me gustaría pensar que lo hiciste porque de pronto surgió la genética en ti, pero sé que lo has hecho para salvar a esa chica. — Se acercó a mí, lo suficiente como para mirarlo frente a frente — Aunque, sea cual sea la razón, estas aquí, justo ahora. Lo que supone que debo contarte lo siguiente.
— Sí planeas explicarme tu método de asesino enfermo, no me interesa saberlo.
Sonrío por lo bajo, elevando su vista hacia mí una vez, metió sus manos en sus bolsillos delanteros y con una voz suspicaz dijo.
— Trastorno antisocial de personalidad. No me permite sentir nada, ni empatía, ni rencor, ni siquiera dolor físico, nada. Estoy vacío.
Bufe de inmediato.
— Quisiera que pudieras contarme algo nuevo de tu personalidad asquerosa. Has descrito cosas que conozco perfectamente ¿o crees que los golpes a morir a tu propio hijo son cosas que una persona “normal” hace? Sé que eres un puto psicópata.
Se giró de forma instantánea, mirando hacia la ventana que está justo a nuestro lado, con sus manos aun en sus bolsillos, soltó un audible suspiro.
— Maté a todos los psicólogos que se atrevieron a llamarme de esa forma.
— ¿Matas también a las personas que dicen la verdad?
— Mató a quién intenta causarme daño, es lo que hacen las personas cuerdas.
No pude evitar reír de forma sarcástica.
— ¿Perdón? ¿Has dicho personas cuerdas? No me hagas reír.
Siguió mirando hacia la ventana, evitando mi rostro todo lo que fue capaz.
— Mi padre, Mattheó tu abuelo, abuso de mi todas las veces que quiso. Era precisamente un hijo de puta como me has llamado desde que has llegado hasta este lugar.
Me detuve al instante, me erice de forma automática, he escuchado muy poco hablar del abuelo Mattheó, era un tema prohibido en casa, recuerdo que cada que mamá mencionaba algo referente a mi difunto abuelo, papa enloquecía. Murió mucho antes de mi nacimiento, cuando Dustin tenía 17 años, la causa de su muerte fue abrupta, lo que me hace pensar qué… no se trataban de ladrones que intentaron hurtar su casa. La respuesta salió de mi justo antes de pensarlo, de forma automática acarreando mis pensamientos.
— Tú lo asesinaste.
— Mamá se fue de casa cuando yo tenía 6 años, Mattheó abusaba de ella de todas las formas posibles, por ello no la culpe cuando se fue de casa. Aunque me habría gustado que me llevara con ella, no lo hizo, me dejó con ese monstruo. El monstruo que abuso de mí en incontables oportunidades, de todas las formas posibles, lo hacía cada noche, hasta que se cansaba y terminaba dormido en el viejo sofá que había en casa. Intente escapar, pero eso solo ocasiono que me ganara una de las palizas que casi me mata.
— Ven aquí pequeño Dustin…
Miedo, mis pequeñas manos temblaban, mi cuerpo sentía asco y repulsión, sabía lo que significaba escucharlo decir aquello, preferiría las palizas, las prefería, incluso habría preferido morir justo ahora, pero no… mi vida se ha convertido en esto. Dolor.
— No papá, por favor…
— Calla idiota.
Aunque todo lo que escucho estuviera cercenando mi corazón, no pude evitar preguntarlo.
— Si habías vivido ese infierno… ¿Por qué hacías lo mismo conmigo y con mi madre?
Siguió su discurso, ignorando mis preguntas y mi asombro, seguía mirando hacia la ventana, con su mirada hacia el vacío.
— Cuando cumplí 17 años, tal como tú justo ahora, lo hice, lo asesiné. Cree un plan estratégico para matarlo y así fue, lo hice de la peor forma posible, disfrute verlo desangrarse en mis manos, gritar de dolor, suplicando ayuda, lo mate de forma lenta, disfrutando cada segundo de agonía que le producía, hasta que finalmente murió. Escape de casa, hui. Viví cosas que un adolescente no debería vivir, pero ya estaba destruido, ya estaba jodido, me habían jodido la vida. He asesinado a más personas de las que recuerdo… Tenía 20 años, aún seguía sintiéndome de este modo, lo que hacía querer ahogarme con alcohol, decidí ir a un bar cercano de la zona, mi vida se había reducido a aquello, solo ingerir alcohol, día y noche, tratando de no recordar, de no imaginar, de no pensar… sentía asco de mí mismo, de mi cuerpo, no podía mirarme al espejo sin sentir repulsión, estaba acabado. Intente suicidarme muchas veces, pero nunca fui lo suficientemente valiente como para presionar el gatillo.
— Vamos Dustin hazlo, no vales nada y lo sabes, estas podrido por dentro, eres un asco de ser humano, no mereces vivir, solo hazlo vamos…
¿Debería hacerlo? Así quito este dolor de mí.
— Vamos, hazlo ahora mismo.
— En repetidas ocasiones venían a mí pensamientos erráticos que me hacían querer lanzarme de un maldito puente, ahí supe que estaba jodido. Qué mi vida sería así, que yo mismo sería un constante recordatorio de aquella mierda que viví. Una noche, en una de mis tantas visitas a dicho bar, conocí a tu madre… Caroline. Recuerdo perfectamente que despertó en mi algo que no había sentido antes, sus labios color rojo fuego, sus destellantes ojos, su larga cabellera cayendo a ambos lados de su cara llegando más allá de su cintura, con una sonrisa envidiable. Me enamore de ella al instante, ella me hizo querer ser diferente y juró que yo… yo intente ser normal, pero ya era demasiado tardé. Cuando te tuvimos, intentaba sentir algo, pero nada… ¿sabes que es irónico Austin? Yo temía la misma mierda que tú. Ser como el hijo de puta que me daño. Me hizo inestable, no me permitió ser una persona normal, amar de forma normal. Te odie a ti por recordármelo, a Caroline por tenerte y a mí por ser yo.
Sentía como mi cuerpo se debilitaba debido a todo lo que he escuchado, Dustin ha vivido algo… desgarrador.
— ¿Me culpas por lo que te pasó? Papá…
Esa última palabra hizo que se girara hacia mí, mirándome con sus ojos totalmente enrojecidos.
— Me culpo a mí por darte la misma mierda que recibí. Tienes derecho a odiarme, pero no me juzgues. Soy un monstruo porque me crearon, no porque yo lo quisiese así.
Justo en ese instante entendí tantas cosas de mi vida. Es en este punto donde nos damos cuenta que las personas que hacen malas cosas, no es precisamente porque estén hechos para hacerlas, es porque los han obligado a ser de este modo y es cierto… Maddison fue obligada a vivir una vida mísera por el dolor que le causaron, al igual que yo, que Travis y Andrew, al igual que Dustin.
Es en este momento cuando entiendes qué los malos momentos no se rigen a una mala vida, tienes que romper aquel ciclo y cambiar para ser mejor. YO SOY ESE CICLO.
— Te perdonó.
Las palabras salieron de mí como un susurro. Eleve mi rostro para poder ver a Dustin, su rostro mostraba estupefacción e impresión.
— ¿Qué has dicho?
— En nombre de Caroline, de mi… te perdonó papá.
Me miró con asombro, vi como su labio inferior temblaba sin control, sus ojos enrojecidos fijos en mí, por un momento pensé que diría algo más, pero no, solo se giró hacia la puerta y se fue, dejándome ahí, pensando en todo aquello que escuche.