“El prejuicio es una carga que confunde el pasado, amenaza el futuro y hace inaccesible el presente.”
(Maya Angelou)
Austin.-
Unos cien cambios de ropa más tarde, heme aquí con un traje ridículamente caro, luciendo tal como un puto fuckboy con este estilo, pantalón y chaquetas enteramente negros, ceñidos a mi cuerpo, con una camisa blanca desabotonada un poco más arriba de la mitad de mi torso, unos zapatos incomodos pero relucientes hacen juego con el color de mi traje.
— Admitiré que no tienes tan mal gusto Dustin.
Bufo de forma sonora.
— Quien tiene mal gusto no soy precisamente yo.
— ¿Qué quieres decir con eso?
— ¿Acaso no es lógico? Tu cabello cubre tus ojos, pareces una chica.
Removí mi cabello un poco, me gusta llevarlo de este modo.
— Una chica muy sexy ¿no crees?
Puso sus ojos en blanco de forma dramática.
— Venga ya chica sexy, tenemos que estar allá en 20 minutos.
— Saldremos cuando encuentre mi bolso.
— ¡CAMINA YA!
Cubrí mis oídos de forma instintiva
— Okey okey, ya entendí. Por Dios, debes dejar de gritar o tendré una mala impresión de ti en nuestra primera cita.
— Austin, si no te callas justo ahora voy a patearte.
— La verdad es que me callare porque quiero, no porque esa amenaza me asustara.
Lo apunte con mi dedo índice, acusándolo.
— Mueve el trasero y cállate.
— Para eso tienes que convencerme antes.
— Austin. Segunda advertencia.
Me mostro su zapato
— Vale vale, entendí.
Caminamos por el largo pasillo hasta acercarnos a sus escoltas.
— Iremos fuera de la ciudad a cenar, cuiden bien de todo mientras no esté y no cometan ninguna estupidez
Guiñe mi ojo derecho en la dirección de Snowman, quien me sonrió negando con su cabeza de forma disimulada. Susurre muy bajo.
— Te extrañare muñeco.
Pude leer en sus labios la respuesta a mis palabras.
— Y yo a ti insufrible.
Saque mi dedo de en medio en su dirección. Vi a Dustin mirarme con una mueca de extrañeza. Lo que me hizo bajar mi mano de golpe.
— ¿Es como tratas a la persona que cuida de ti todos los días?
Me encogí de hombros.
— ¡El me lo hizo primero! — rebatí
— Compórtate.
Asentí en su dirección y susurre hacia Snowman.
— Me las pagaras.
Sonrió por lo bajo ¿se está burlando de mí? Ya verás Snow, ya verás.
Seguimos nuestro camino hacia la entrada, pude sentir el aire gélido rozas mis mejillas, aspire profundamente aquel aroma a ambiente, árboles y arbustos, he extraño sentir esto, por ello disfruté del momento. De pronto, una enorme camioneta negra se paró frente a nosotros, dejándonos ver a un hombre vestido con un traje n***o, se bajó del coche y nos abrió la puerta del mismo.
— Tenemos reservación en “The French Laundry”
Mierda.
— Hasta el nombre suena caro, me hizo querer sacar mi billetera y darle unos dólares.
El chofer sonrió por lo bajo, tratando de contener una carcajada.
— Bastante ingenioso señor
Eso llamo mi atención y sonreí en su dirección
— He practicado mi sentido del humor, no es esa Dustin.
— Puedes llevártelo a tu casa si gustas Alfred.
Dijo dirigiéndose hacia el chofer
— Vuelvo a hacer hincapié en el hecho de que he estado encerrado en contra de mi voluntad, no estás en el derecho de regalarme.
— Cállate ¿quieres?
— Ehm… no. He estado callado y amargado mucho tiempo, es hora de soltarme ¿no crees?
— ¿Y tenías que soltarte justamente conmigo? — Rebatió rápidamente totalmente escandalizado
Sonreí con suficiencia respondiendo a su pregunta.
— No creo que exista alguien más indicado para soportarme.
— Si sigues hablando te cambiare por un platillo de langosta.
— Creo que valgo más que eso — Espete totalmente ofendido.
— Austin Smith, cállate ¡ESTAS VOLVIENDOME LOCO!
Se lo que piensas “Austin no parece Austin” en ese momento de mi vida también me cuestione mi sentido del humor, pero descubrí qué, intentaba ver el lado positivo de la situación de mierda en la que me encontraba, no intentaba enfocarme exactamente en eso, porque sabía que me deprimiría.
Mi Maddie… la extraño, pero sé que está bien, que está en paz, en un lugar donde nadie podrá hacerle daño, no mientras viva.
Temo que intente hacer algo que la ponga en peligro, pero sus últimas palabras resuenan en mi mente cada día
— Voy a sacarte de aquí Austin, aunque sea lo ultimó que haga.
Sé que te veré otra vez… yo, lo sé. Dentro de mí sé que solo es cuestión de esperar, de tener paciencia, te veré de nuevo amor.
Interrumpiendo mis pensamientos, el auto se detuvo frente a un gran local, repleto de luces tenues, un gran cartel que mostraba el nombre del restaurant, personas con ropa muy formal, saludándose unas a otras con elegancia e hipocresía, con una sonrisa fingida y cargada de mentiras, no me sorprende que este lugar este lleno de este tipo de personas.
Al bajarme del coche, ajuste mi chaqueta y removí mi cabello de forma instintiva y despreocupada, levante mi mirada hacia el frente, de inmediato me percate de todas las personas que tenían su mirada fija en mí, me removí incomodo como algo automático, Dustin a mi lado ajusto su chaqueta y camino sin reparo por el largo pasillo, ignorando completamente a las personas que nos miraban con sus ojos muy abiertos.
— ¿Por qué todos nos miran así? — Le susurre con un tono poco audible.
En cambio, Dustin me respondió con sencillez como si se tratara de la situación más cotidiana del mundo.
— Soy un mafioso, tu eres mi hijo ¿Qué esperabas? ¿Qué nos recibieran con aplausos?
Eso tiene sentido pero…
— ¿No se supone que esa mierda de la mafia es anónima?
— Todo el maldito país sabe quién soy, no soy ningún personaje que trabaje bajo anonimato. Me gusta que me teman, no me molesta esa atención.
Escuchar aquello hizo que mi estómago se revolviera
— Yo no quiero que me asocien contigo… no soy de ese modo.
Me miro, enarcando una de sus cejas, con su rostro totalmente inexpresivo.
— En dado caso no interesa lo que pienses, es lo que ellos creen de ti. No me esforzare por explicar que, aunque eres parte de mí, no eres como yo… digamos qué, eres diferente.
He intentado hacerme entender esto gran parte de mi vida, sé que mi perspectiva hacia Dustin es distinta, incluso está tomando una actitud mucho más relajada, pero nada me hace olvidar que, sigue siendo un despiadado asesino capaz de cualquier cosa, incluso quitar la vida de aquel que se interponga en sus planes, a veces me cuestiono a mí mismo cuando me digo ¿por qué deje de luchar? ¿Por qué sigo actuando como si esto fuera la cosa más natural del mundo? Podría luchar por mi libertad y sencillamente irme, pero pienso en el daño que podrían causarle a Maddison por mí y creo que ese pensar se desvanece.
— Hazlo por mí, por Caroline, por Malcom, por los chicos… por nosotros.
Mantendré mi palabra Maddie, lo haré por nosotros…
Un chasquido de dedos me hizo volver en sí, mirando a la persona que ocasionaba aquel estruendoso y poco agradable sonido.
— El menú Austin.
— ¿Eh?
Vi a un hombre con un traje bastante formal, con un pequeño trozo de tela blanco colgado en su antebrazo ofreciendo con amabilidad una carta.
— Un menú es una pequeña carta que te muestra que es lo que gustas para ingerir ¿una mejor explicación?
— Sé que es un estúpido menú, solo estaba pensando y me distraje.
Recibí aquel menú con amabilidad.
— ¡Muchas gracias!
Leí con paciencia todos los platillos que sonaban tremendamente costosos, pero bastante apetecible. Mientras repasaba rápidamente por el menú, escuche a Dustin marcar su orden.
— Sírveme un platillo de Zillion Dollar.
— Lo que guste señor y ¿para el joven?
— Lasaña, por favor.
El mesero asintió lentamente retirándose y siguiendo su labor
— ¿Lasaña? ¿Aun tienes gusto por esa asquerosidad?
— Sí, me gust… — Espera ¿qué? — ¿Cómo demonios sabes que me gusta la lasaña?
— Sí que me has odiado toda tu vida pero… si se cosas de ti.
Eso me tomo por sorpresa.
— Mira nada más, que cosa más increíble.
— ¿Por qué tan sorprendido? Sigo siendo tu padre.
— Nada personal, es que siempre pensé que me odiabas así que esta demás discutir el estúpido tema.
— No te odiaba por voluntad.
— No… me odiabas por algo mucho peor.
— Austin…
— Deja ya de actuar como un padre, creo que no es del todo sensato que finjas ser algo que no eres. Ya… no te odio, pero no espero que intentes recuperar el tiempo perdido, el pasado no será distinto por esto.
Error… condenar a alguien más por los errores que cometió en el paso no es enteramente justo, sé que pensaras ¿Y si eran justas aquellas palizas que casi te matan? Por supuesto que no lo eran, pero recuerda que, nosotros los afectados somos aquellos que podemos marcar la diferencia, no actuando de la misma forma y soltando, ya no más odio. La vida tiene muchas cosas buenas, no intentemos ver el lado negativo de cualquier situación, en lugar de ello busca una buena situación en un lugar negativo, lo he aprendido con los años, claro que… el rencor es poco fácil de digerir y olvidar, se que parte de mi lo perdono en ese momento, pero aún seguía pensando en todo lo que hizo, lo que hace y de lo que es capaz de hacer.
Se aclaró la voz ruidosamente, cambiando su semblante a uno frio y calculador
— No intento arreglar nada.
Asentí lentamente en su dirección.
— Lo sé, no espero más de ti.
Un silencio incomodo arropo aquella situación por unos minutos, hasta que fue roto por la voz de Dustin
— Has vuelto al principio ¿eh?
Eso llamo mi atención ¿al principio? ¿Eso qué significa?
— ¿A qué te refieres?
— Solo qué…
— Sus platillos están listos señor Smith ¿quiere que le sirva champagne?
El mesero interrumpió aquella respuesta.
— Gracias… ya puede retirarse, no necesitamos la botella.
Sé que Dustin intenta zafarse de aquella situación por que retuvo al mesero enteramente para preguntarle cualquier idiotez.
— Dustin… deja que el chico se vaya a culminar su trabajo.
— Este es su trabajo.
— Teníamos una conversación.
— Bien has dicho, “teníamos” ahora estoy ocupado y no tengo tiempo para tus tonterías.
— No te liberaras de esta situación tan fácil.
— Basta ya. Quien amenaza soy yo y esta maldita conversación se acabó ¿me has entendido?
Soltó al mesero de golpe, este huyo como un cobarde ante aquel estruendoso barullo.
Sonreí por lo bajo respondiendo.
— Escudándote en la violencia, típico de ti Smith.
— No necesito ocultarme, mucho menos de ti.
— ¿Ah no? — Eso me hizo sonreír con más ganas — ¿Y por qué has cambiado el tema?
— Porque es mi maldito concepto, se lo comparto a quien guste y tu ahora mismo no eres muy dado a mi devoción. Cállate y come.
— ¿Por qué demonios los sentimientos te asustan?
Eso hizo que detuviera todo lo que estuvo haciendo antes de aquella oportuna pregunta.
— ¿Por qué rayos crees que siento algo?
— Es lógico. Puedo verlo, pero sé que temes mostrarlo ¿Por qué?
— ¡Dije que te callaras joder!
Las personas cercanas a nuestra mesa voltearon a mirarnos.
— ¿QUÉ DEMONIOS VEN?
Eso los alarmo y los hizo girarse en su posición de forma disimulada.
— No voy a callarme y lo sabes ¿Por qué no solo puedes abrirte a mostrar algo más que no sea porquería?
Se levantó de su asiento, golpeando la mesa con fuerza.
— ¡ESTOY JODIDO! ¿QUÉ NO VES?
Notaba cuan alterado estaba, su respiración aumentando, su pecho subía y bajaba de forma descontrolada
— ¿Jodido? Todos lo hemos estado en algún momento de nuestras vidas pero tú… tienes la oportunidad de enmendar muchos de tus errores y solo no lo haces. Intentas actuar como si nada de esto fuera anormal y extraño. Técnicamente estoy secuestrado, tú haces cosas horribles a personas inocentes solo por placer, me has amenazado con matar a la mujer que amo… y soy tu hijo. Esa mierda no es amor.
Vi como su rostro estaba totalmente enrojecido y contraído en ira.
— Solo estas aquí por negocios, no quiero ser un maldito padre. No me interesaste al inicio y no me interesas ahora. Al menos antes te odiaba, hoy ya ni eso puedo sentir por ti. Solo estas aquí, existiendo y a mí me da enteramente igual lo que sea que sientas por mí. NO PUEDES TOMAR UN PERDON QUE YO NO TE HE DADO. No me arrepiento de nada ¿Lo entiendes?
Sonreí para mí con ironía.
— Y pensar qué ya te estaba tomando un poco de aprecio, tienes razón… Soy un completo idiota. Las personas como tú no cambiaran jamás, están destinados a ser de este modo y personas como yo hemos nacido para soportar a los malnacidos como tú.
— Di lo que quieras, sigues sin importante y nada de lo que hagas me hará cambiar de parecer.
Me levante de aquella silla y camine sin reparo hacia el largo pasillo, ignorando completamente las miradas que me perseguían hasta la entrada. Quisiera poder decir que me mantuve fuerte, que nada de lo que este idiota dijera iba a afectarme, pero no es cierto… tenía mi corazón estrujado en mis manos, sintiendo la pesadez en mis ojos, el ardor insoportable de mi garganta.
— Voy a liberarte.
Eso me hizo detenerme abruptamente. Gire mi rostro hacia él de forma instintiva.
— ¿Qué has dicho?
Elevo su barbilla mucho más y repitió aquellas palabras.
— Dije que… voy a liberarte. — Miro hacia cualquier otro lado y siguió — Hemos roto nuestro trato, mañana por la mañana te iras y no volverás a verme o a saber de mí, nunca más.
Repetí las siguientes palabras en un susurro poco audible, las dije para mí, de esa forma podría sentir que aquello era real.
— Soy libre…