Cortejo Parte 2.
Lorraine Marchell.
Decir que Daniel esta molesto, es poco. Su mirada asesina al mirar al general lo dice todo. Teniendo muchas más señoritas que desean ser su esposa, esta aquí. Alterando y volviendo loco a pequeño y enamorado corazón. Es egoísta de su parte estar aquí después de lo que hizo, después de lo que escribió...
- Su Majestad, desea algún bocadillo - cuestiona mi madre y cuando él deja de mirarme siento que vuelvo a respirar tranquila.
- Muchas gracias, vizcondesa - habla de manera amable. Mientras tanto Alek me mira con preocupación - Lorraine, podemos conversar un momento... - regreso la mirada y puedo ver como sonríe abiertamente - ¿Qué tal un paseo? - me levanto del mueble en que me encuentro cuando Alek, me ofrece su mano.
- Disculpará usted, su Majestad. Pero el caballero aquí presente me invito primero a caminar por la plaza - me inclino en señal de disculpa y continuo mi trayecto hacia la salida mi casa, de la mano del general.
- ¿Lo hice bien? - pregunta Alek - No quiero incomodarte pero no disimulas nada que lo conoces y que su presencia te incomoda.
- Muchas gracias, Alek, lamento haberte puesto en esta situación - digo por lo bajo, sabiendo que obviamente mi madre y Daniel, vienen detrás de nosotros.
- No es problema, me estaba asfixiando dentro de esa habitación - sonríe mientras doblamos la esquina para comenzar a dar vueltas alrededor de la fuente que esta en el centro de la plaza.
- Te entiendo, es algo que encuentro insoportable... - murmuro mirando por encima de mi hombro que mi madre y Daniel mantienen una conversación bastante amena, pero él no deja de mirarnos - ¿Entonces vas a cortejarme? ¿A mí, estás seguro?
- ¿Por qué no lo estaría? - me encojo de hombros sutilmente.
- No lo sé, tal vez porque yo fui la persona que rompió las reglas y a causa de eso se difundieron rumores sobre una presunta relación clandestina entre los dos. Acaso eso no te... - me cayo cuando él levanta la mano.
- Claro que me molesto, pero no por el hecho de que me relacionarán contigo, sino porque tu reputación estaría en juego - expresa, tomando mi mano suelta, para luego abrirla y dejar un pequeño cofre.
- ¿Qué es? - mi voz sale más feliz de lo que debería lo que lo hace mirarme con ilusión, entonces aparto el rostro.
- Es un regalo, Lorraine. No espero que te guste, pero igual quería que lo tuvieras... - dice por lo bajo, mientras abre el pequeño cofre en mi mano, dejando a la vista un hermoso collar de zafiros, sencillo pero hermoso - Lo vi y creí que quedaría bien en ti.
- Es muy amable de tú parte, Alek - miro por encima de mi hombro nuevamente y como imagine su Majestad sigue con su vista fija en nosotros - Me ayudarías colocármelo, se vería perfecta con mi vestuario de hoy - él asiente gustoso y complacido de que haya aceptado su regalo.
- ¿En verdad te gustó? - toco el pequeño sol de zafiro que cuelga de mi cuello y sonrío.
- Por supuesto, general tiene usted buen gusto.
- Creí que te molestaría que te hiciera un regalo - Alek ahora parece estar avergonzado.
- ¿Por qué quieres cortejarme a mí? - cambio el tema sintiéndolo aún detrás de mí.
- ¿No debería hacerlo? - contesta con otra pregunta, haciéndome reír.
- Sólo contesta la pregunta, Alek.
- Me pareces alguien interesante - responde restandole importancia - Sí, solo es eso.
- ¿Te parezco interesante? - él asiente mirando hacia otro punto que no soy yo - ¿Es eso? Creí que al gran general de Lowlands le atraían otro tipo de mujeres. No las que lo amenazan con una daga - él y yo reímos sin importarnos las personas a nuestro alrededor.
- Por eso mismo te estoy eligiendo a ti, Lorraine, tu eres la única que no me reconoció apenas llegue aquí y tuviste las agachas suficientes para enfrentarme... - manifiesta guiándonos a ambos cerca el lago de la plaza - Eres especial, sería entretenido vivir contigo, no me aburriría nunca.
- Sobre eso, me disculpo por haberte faltado el respeto...
- Esa disculpa no es valida, porque ya han pasado varios meses - lo miro indignada y el oprime una sonrisa - Necesito algo más para perdonar su altanería señorita Marchell.
- ¿Cómo que, mi señor? - indago siguiéndole la corriente.
- Concédame un almuerzo, señorita...
- ¿Un almuerzo? ¿Quieres hacer que suba de peso? - él ríe, por la manera en que lo miro.
- No, aunque te verías adorable - siento el calor subir a mis mejillas - Debo irme, Lorraine - dice con seriedad, deteniendo nuestro andar.
- Muy bien, hasta la siguiente visita, mi señor - él hace una reverencia y yo lo imito sonriendole.
- ¿Ya se va, mi señor? - cuestiona mi madre, sin ninguna muestra de pena.
- Así es, vizcondesa. Su hija es una muy hermosa mujer, en todo el sentido de la palabra... Pero lamentablemente el deber me llama. Cuide de ella, por favor - mi madre asiente permitiendole partir.
- Lorraine, su Majestad estaba esperando por ti - indica mi madre, sonriendo en dirección a Daniel.
- Esta bien, mamá... - finjo una sonrisa - Su Majestad - me inclino para no verlo.
- Demos un paseo, señorita Lorraine - invita mostrándome su brazo, esperando que lo tome, lo cual hago después de un rato - Lorraine...
- No necesita decir nada, su Majestad - susurro sin ánimos de entablar conversación con él.
- Por favor... - río un poco sin ganas.
- Un rey, Daniel, no debe rogarle a nadie - indico siendo dura con él, mis sentimientos pueden no haber cambiado, pero eso no significa que lo perdone.
- Pero un hombre, debe de rogar el perdón de su dama, hasta que ella lo acepte - intento alejar mi cuerpo del suyo, pero él me sostiene con fuerza.
- No soy tú dama. Busca otra muchacha a la cual cortejar - pido mientras tomo asiento en uno de las sillas para tomar aire que se encuentran cerca del precioso lago.
- No puedo hacer lo que me pides...
- ¡Oh por supuesto que puedes! - exclamo mirándolo con el ceño fruncido - Sólo es necesario que le pidas a los padres de la joven su mano y estoy segura que aceptarán sin ningún pero.
- ¿Entonces debo decirle a tú madre que deseo que seas mi esposa? - contengo una risa, pero no puedo hacer lo mismo con una lagrima traicionera que rueda por mi mejilla.
- No, yo no seré nada tuyo. No crees que es suficiente jugar conmigo en el pasado. Además que hay de la Corte Real... Ellos controlan todo en el rey, es decir tú.
- Lorraine, mi vida... - hago una línea con los labios y muerdo mi mejilla internamente.
- No soy tú vida, tú vida es el reino y no te culpo por eso. Sé que es tú responsabilidad - declaro mirando a los comerciantes que venden joyas.
- Ya te pedí perdón, Lorraine... - expresa con lo que a mí me parece falto arrepentimiento.
- El difunto rey te inculco perfectamente el desconfiar de la personas...
- Lorraine... - me levanto de mi asiento, hago una reverencia.
- No fue un gusto verle, su Majestad - comienzo a caminar en la dirección opuesta en donde esta él.
- ¿Te casarás con el general? - pregunta haciendo que me voltee.
- Es un buen partido. Es guapo, me quiere por lo que soy, no le importa lo que los demás digan y seguramente me espera un buen futuro a su lado - respondo, viendo al instante como su rostro se frunce.
- ¡Tú eres mi mujer! - exclama al llegar hasta mí, tomándome con fuerza del brazo - El puede buscar a otra esposa, tu eres mi mujer, mi amor...
- ¡Pero tú no el mío! - grito por lo bajo, para que solo él lo escuche - No te amo, mataste lo que yo sentía, ¿un peligro para Lowlands enserio?
- Me arrepiento de haber escrito eso... -murmura desviando la mirada - Te amo, Lorraine.
- Así qué cambia ahora si te digo que yo también lo hago - indago haciendo una mueca con los labios.
- Ahora soy el rey...
- No cambia casi nada, solo tienes una corona más grande sobre tu cabeza - aclaro, sin darle importancia.
- Si te beso, ¿cambia las cosas? - pregunta acercando su cuerpo al mío.
- Estás loco, si haces eso en frente de todos nos condenarías... - aseguro mirándolo con temor.
- Para mí no sería un problema tomarte como mi esposa.
- ...
Su Majestad tuvo que regresar al palacio real, junto con sus hombres. De verdad pretender que yo me casaré con él cuando no ha hecho nada para ganárselo. Los hombres son unos imbéciles...
¿Por qué razón Daniel escribiría esa carta y luego quiera pedir mi mano? Es algo realmente extraño y no tiene casi sentido. Empezando porque desde que leí la carta no tenía sentido, ya que yo soy hija de un vizconde, hombre que porta con un titulo nobiliario, lo que me convierte en parte de los nobles más reconocidos de Lowlands. De todas maneras ya no importa pronto me casaré, aunque no sepa con quien debo prepararme para atender debidamente mi futuro hogar, por más que las criadas como les dicen todos ayuden, no es bueno explotarlas...