Celeste estaba cansada y adolorida por todo lo que había ocurrido en el día, abrió los ojos y no sabia donde estaba, intentó de muchas maneras moverse, pero no pudo, estaba asustada y su respiración estaba agitada cuando escucho una voz. —Estás atada, así que hagas lo que hagas no podrás salir, ni escapar, ni golpear o matar a alguien—habló Paolo con serenidad mientras se acercaba a la cama. —Esto es una equivocación, por favor déjenme salir, quiero a mi niño, ¿dónde está? Lo juro, somos inocentes. Paolo se carcajeó y respondió. —Te voy a soltar una mano para que comas, el jefe así lo pidió. —Si me sueltas una mano juro que te saco los ojos, sino me dices donde esta mi niño. Una voz se escuchó a través de un micrófono, era Baltazar. —Si no comes, no vuelves a ver al niño. Ella abri

