Ella asiente y cruza las piernas bajo la mesa. Su pierna roza la mía y, maldita sea esta mujer, pero hace que se me ponga dura la jodida v***a. —¿Siempre fuiste así? —pregunta de pronto y la miro con una sonrisa—. Antes de mí... ¿ibas por ahí conociendo rincones perdidos en medio del mundo? Me encanta la manera en que lo dice. Antes de ella. —Antes solo sabía perderme, zmeya. Ahora al menos sé hacia dónde quiero volver. Mi frase, dicha con toda la sinceridad que puedo darle, la emociona. Sus ojos se llenan de lágrimas y una sonrisa lenta quiere levantar las comisuras de su boca. Justo en ese momento, desde el fondo de la cocina, aparece Rajiv. El ruido que hace es inconfundible. Sus ojos se clavan en mí y una sonrisa amplia le transforma el rostro. Deja el cuchillo y el delantal,

