Salimos de la habitación, tomados de la mano y con cierta picardía latente entre los dos. Las miradas que nos damos mientras avanzamos, están llenas de complicidad. No sé mi hombre, pero yo todavía me siento en llamas a pesar de habernos metido bajo la ducha otra vez. A pesar de tener el cabello húmedo, me sigo sintiendo caliente. Lo que hicimos en la ducha, en la cama, después de todas estas semanas tan duras y llenas de lágrimas, me hace sentir como si nada hubiera pasado, como si los acontecimientos después de La Subasta nunca nos hubieran golpeado. Como si mi Chris no estuviera enfermo y a mí no me hubieran vuelto mierda desde adentro. Siento el apretón en mi mano y volteo de inmediato a mirarlo. Le sonrío a mi hombre con ganas, me fascina cómo queda su cara después del sexo.

