POV Ariel El frío me quema la cara, pero no me detengo. Mis botas golpean el suelo con firmeza, crean un ruido sordo en el silencio que me rodea y levantan un poco de la nieve endurecida del camino. Respiro por la nariz y exhalo por la boca. Cuento cada paso como si llevara una cuenta regresiva en la cabeza. El aire helado me quema los pulmones y me hace lagrimear, pero no me detengo. No puedo hacerlo. Hace tres semanas que llegamos a Rusia y, desde entonces, correr se ha vuelto mi única forma de mantenerme cuerda. Salgo temprano, antes de que los demás estén en pie, cuando todo está en silencio y lo único que escucho son mis pasos y el latido acelerado de mi corazón. No corro por salud, ni para mantener la figura, tampoco para entrenar, aunque es lo que termino haciendo cada día.

