El aroma del café recién hecho inunda toda la cocina y me ayuda a sentir que todo lo que estoy viendo, es real. Christopher está detrás de la isla, precisamente junto a la estufa, concentrado en lo que está revolviendo en el sartén. Tiene el ceño fruncido, pero no deja de verse sexi y apetecible. Mi hombre es jodidamente hermoso y es mío. Solo mío. En lo que sea que esté haciendo, como sea que se vista, él se ve jodidamente delicioso. La camiseta negra que tiene puesta, me deja ver sus brazos tonificados a pesar de que está más delgado. No sé cuántas veces he detallado los tatuajes que adornan su piel bronceada. Creo que desde aquel día, cuando me los mostró y se encargó de explicarme cada uno de ellos y su significado, no los había vuelto a ver con la misma intensidad y detalle que en

