Mi vista empieza a desdibujarse. Mis uñas arañan la piel allí donde alcanzo y mi cuerpo se retuerce una y otra vez, a pesar del dolor de la caída qué lacera mi espalda. Las manos del asqueroso encima de mí me siguen apretando con una fuerza bestial y ya me cuesta demasiado resistir. No respiro. No respiro. Mis piernas golpean una y otra vez la mesa rota debajo de mí, intento moverme lo suficiente para intentar empujarlo y quitármelo de encima, pero las fuerzas disminuye. No consigo aire. Me arden los pulmones, los ojos se me inundan de lágrimas que no le daré el gusto de mostrarle y ya siento cómo mi cuerpo empieza a fallar. Pero no me rindo, no puedo permitirlo. No voy a morir así, no en manos de este malnacido que no es más que un cabrón con dinero. Me niego. ...Busca los puntos

