—¡Vamos idiota reacciona!—carraspeó Zack, para sacarla de la visión tan intensa que estaba cruzando. Cuando pudo recuperarse del todo, se había percatado de que estaba sentada en el frío suelo del comedor, como si se hubiera desmayado. Odiaba con el alma que le sucediera eso. Se frotó los ojos y los frunció, tratando de eliminar esa jaqueca que le provocaba un dolor intenso en la cabeza. —¿Frank?—logró decir, aturdida. Le resultaba imposible pensar en otra cosa que no fuera aquel nombre. Los chicos estaban a su alrededor, con sus rodillas contra el suelo, mientras trataban de recomponerla. —Creo que necesita otra bofetada más.—comentó el chico rastafari, amagando con la palma de la mano en dirección a su mejilla. Con razón le ardía su mejilla izquierda, estaba segura de que Zack le ha

