—¡Por el amor de Dios, Alia hazlo bien! Travis estaba exigente aquel tres de Febrero. Alia no paraba de sudar por lo estresada que se sentía, intentaba con todas sus fuerzas mover aquella roca que pesaba más que ella, pero le resultaba imposible. Ponía toda su voluntad para hacerlo, realmente se esforzaba pero no había caso. —¡Concéntrate!—volvió a gritarle el joven. Con sus manos frente a la roca, entrecerró los ojos y solo se dispuso a visualizarla. Imaginaba como se movía, pero en la realidad, eso no pasaba. ¡La maldita cosa se burlaba de ella! —Ya no más.—dijo entre jadeos, dándose por vencida. Posó sus manos en sus rodillas, en busca de aire. La frente le sudaba demasiado, y la brisa de invierno arrastraba ese sudor que le había mojado completamente la cara. Tenía fe en que podí

