— Se abre la sesión — comienza el juez. Un hombre de mayor edad, pero aparentaba menos, según mi hermano mayor, quien yacía unos asientos más atrás de mí atento a la sesión. Todos lo estaban. Actualmente, me encuentro hecha un manojo de nervios. De tal forma, que si no llego a tomar asiento en unos segundos, no sé si aguantaré hasta desplomarme sobre el suelo de la habitación. A una derecha del señor juez, está el secretario judicial, quien da lectura a los escritos de acusación y defensa para que el acusado sepa porqué está allí, en este caso James. — Señor fiscal, tiene usted la palabra para explicar su cometido— procede el señor juez. Jordan Miller, amigo y compañero de trabajo de mi hermano, se comunicó con Christian al enterarse de mi caso y convenció al juez para hacerse cargo d

