CHARLOTTE
— Ya sabes que no me gusta que balbucees, Charlotte.
Al parecer mí tono de voz no había sido lo suficientemente alto para que mi madre escuchara.
Pienso dos veces lo que estoy a punto de hacer y exhalo para volver a hacerlo, mi madre espera con las cejas enarcadas que es tan importante lo que debo decirle y el temor comienza a bloquearme.
Aclaro la garganta y abro mis labios para confesar de una buena vez lo que James hacía cuando nadie más que yo estaba en casa, fui yo quien presenció cada cosa que él hacía conmigo.
— James, él me-
— Hola a la reina y a la princesa de la casa— su voz me interrumpe y mis ojos se llenan de lágrimas que no deseo derramar, no por ahora.
Ni siquiera había escuchado la puerta principal abrirse.
Siento tanta impotencia y asco por él que en mí interior nacen unas ganas de acabar con él con los cuchillos de la cocina. Delante de mí se dan un beso furtivo que causa un revoltijo en mi estómago y de repente mi apetito desaparece.
— ¿Qué ibas a decirme de James, cariño?— cuestiona mi madre con una amplia sonrisa.
James me fulmina con la mirada sin que mí madre pueda verlo y de un momento a otro, él parece un gigante frente a mí.
Reprimo un suspiro y esbozo una sonrisa forzada, para que mi madre no pudiera notarlo. La veo tan feliz junto a él que hace que un sentimiento de disgusto florezca en mi interior.
Estuve a punto de cometer una verdadera locura y una muy peligrosa.
— Nada— murmuro—. Creo que iré a mi habitación.
Ella asiente y su sonrisa desaparece de inmediato, James sonríe con satisfacción y cuando mi madre voltea para seguir con la preparación de la cena, él dice algo que no logro entender pero supuse que no debía ser nada bueno.
Subo las escaleras casi corriendo, las lágrimas recorren mis mejillas lentamente. Al llegar a la cima, si no hubiese sido por los fuertes brazos de Christian quizá estaría tirada al final de la escalera.
Y ahora si, el doctor no creería la misma excusa de siempre; "caí de las escaleras, eso es todo".
— La próxima sube con más cuidado.
La radiante sonrisa de Christian desaparece en cuanto se percata que tengo mi rostro húmedo a causa de las lágrimas.
— ¿Qué sucede, Charls?¿Discutiste con mamá?— pregunta con notoria preocupación en su rostro. Las pequeñas arrugas de su frente y sus ojos me suplican que le cuente el porqué de mi estado.
Christian Evans se recibió de abogado hace algunos años atrás y él sería el candidato perfecto para acusar a James. Pero temía tanto de mí, de mí madre y Sam, que decido callarme una vez más.
— No es nada, Chris— sollozo.
Christian me toma de los hombros y me mira a los ojos; grandes y turquesas como los míos. Heredados de nuestra madre, quien es muy parecida a mi.
— Él. Es por James por quien actúas así, ¿verdad?
Es inevitable no llevarme una sorpresa ante su pregunta, pero me avergüenza tanto lo que ha pasado que aunque anhelo gritar a los cuatro vientos el infierno que estoy viviendo, veo imposible la posibilidad de poder hablarlo junto a él.
— No, Chris. ¿Por qué lo dices? —cuestiono con la voz temblorosa.
Me guía hacia el pasillo y prácticamente me arrastra en dirección a su habitación.
— No lo sé. Sigo pensando que algo tiene, hay algo que no termina de cerrarme— suspira y niega con la cabeza como si lo que haya dicho fuese una locura—. Lo siento.
» Tu tampoco eres la misma joven feliz de hace unos años.
Mi hermano de treinta y dos años me tiende un pañuelo de tela que suele tener guardado en su pantalón la mayoría de las veces, yo lo acepto a la vez que me encojo de hombros. Cambié, si. Pero a la fuerza, nunca quise dejar de ser aquella niña dulce que danzaba por toda la casa, de ojos grandes y espléndidos a causa de la felicidad. Constantemente me preguntaba en qué momento había crecido de golpe y dejé de ser esa niña que hoy en día estaría muy decepcionada de mi.
— Maduré, tal vez.
Mi voz se escucha horrible, limpio mis mejillas, pero la tristeza e impotencia que siento no se van y siguen inmóviles allí.
— Madurar no implica dejar de ser feliz— opina.
Me acerco a él y me encuentro empujándolo, estoy realmente molesta acerca de su reciente comentario. Él me sujeta de las muñecas y rompo a llorar nuevamente. Su agarre firme me asusta y me suelto de él, completamente atemorizada.
¿Qué pasa conmigo? Él es mi hermano.
— Tranquila, Charlie— intenta calmarme.
Niego mi cabeza y mis pies se mueven en dirección a mi habitación, cierro la puerta y me deslizo por ésta hasta caer al suelo. Tapo mis labios para acallar los sollozos y escucho los golpes en la puerta, a la vez que mi hermano repite mi nombre para que salga o al menos lo deje entrar.
Escucho la voz de mamá del otro lado de la puerta, mientras las gotas saladas recorren mis mejillas nuevamente.
— ¿Qué sucede, Christian?— pregunta mamá y de repente me la imagino con ambas manos en su cintura y con el ceño fruncido. El gesto que siempre hacía cuando algo iba mal, como ahora.
— Nada— silencio—, todo esto es culpa de ese hombre.
— ¿Qué es lo que estás intentando decirme, Christian?
Los pasos se escuchan por el pasillo y presiento que mi hermano mayor ignora a mi madre, mientras ella lo sigue. Pero la discusión no queda allí y todo se torna peor, ambos comienzan a gritar y deduzco que Sam está escuchando todo. Algo que siempre buscaba evitar.
Lo siguiente que logro escuchar hace que mi corazón se quiebre:
— ¡El comportamiento de Charlotte no es a causa de James!— grita mamá —. ¡Es una maldita caprichosa y no permitiré que me alejen del hombre que me hace feliz!
— ¿Estás segura de lo que dices? ¡Solo mira como está desde que él ha llegado a esta familia, no es ella, se ve enojada o triste! ¡Hasta un ciego se daría cuenta! Todo se arruinó en cuanto llegó porque necesitabas urgentemente a alguien a tu lado para tapar el vacío que dejó papá después de su partida, pero él jamás será como papá― me tapo la boca al escucharlo―. Incluso tú eres diferente. Dejas solos a los chicos con ese sujeto que es un extraño, la Stella de antes jamás le confiaría sus hijos a un extraño, esta casa no es la misma desde que papá murió.
Mi madre se queda callada y los pasos se oyen cada vez más cerca, entonces puedo deducir que son los pasos de mamá aproximarse a mí cuarto y mi hermano intenta detenerla. Golpea la puerta tan fuerte que temo que vaya a tirarla abajo, los bordes están desgastados desde la última vez que James llegó y yo logré escaparme de él.
— ¡Abre la maldita puerta!― es mi madre y como la conozco, sé que las palabras de Christian le afectaron más de lo normal.
Sollozo y me coloco de pie ocultando mis oídos ante los gritos del otro lado de la puerta, James parece intervenir en la discusión y escucho a Sam llorar del otro lado de la puerta.
Christian solo le ordena que vaya a jugar a los videojuegos y Sam parece hacer caso ya que, luego los gritos siguen y martillean mi cabeza. Tomo mi móvil y sin pensarlo dos veces marco el número de Aiden, espero que responda y coge el móvil de inmediato.
— ¿Charlotte?
En otro momento quizá me hubiese causado molestia que me llamara por mi nombre completo pero ahora no importaba como me llamara. Necesitaba tener a alguien aquí conmigo.
— ¿A- Aiden?— sollozo—. Te necesito.
Silencio.
Alejo el móvil de mí oreja para ver si no ha colgado y afirmo mi duda cuando él vuelve a contestar claramente sorprendido, no lo culpo, yo también estoy sorprendida por mi impulso.
— Voy en camino— dice y escucho el tintineo de las llaves de su auto—. Dime, ¿qué son esos gritos?
Trago saliva y me sorbo la nariz a la vez que echo un vistazo rápidamente debajo de la puerta y oigo a lo lejos los gritos.
— Es.. Son mi...familia— suspiro.
¿Sorprendido? Quizás.
— En diez minutos a más tardar, estaré al frente de tu casa— dijo sin más.
Antes de poder decir algo, Aiden corta la llamada y oculto mis oídos con ambas manos deseando no estar aquí en este momento. Los minutos se vuelven eternos y parecen alejarse cada vez más, los gritos cesan y se escucha un fuerte portazo en la habitación de mi hermano mayor. Tengo la necesidad de pedirle disculpas a Sam, él siempre paga lo que yo hago mal y no evito sentirme culpable.
De un momento a otro, mi móvil vibra sobre el suelo y al saber que se trata de Aiden, atiendo.
— Bombón, estoy afuera.
Un sentimiento de satisfacción y alegría me invade por primera vez. Corro de prisa hacia la ventana y abro de ésta, el recuerdo de la última vez que hice aquello abruma mis pensamientos y luego recuerdo que fue Aiden quien me acogió.
Coloco el móvil en mi hombro y lo aprieto con el costado de mi rostro a la vez que tomo asiento en la barandilla de la ventana.
— Estoy aquí arriba— murmuro entrecortadamente.
Al frente de casa distingo el Audi de Aiden y la puerta se abre dejándome ver a lo lejos, parece estar en pijama— pantalones de chándal gris y camiseta negra— ya que solo trae la cazadora que usa como de costumbre.
Limpio mi rostro con el dorso de mi mano y guardo el móvil en el bolsillo trasero de mis jeans. Aiden mira a ambos lados antes de cruzar la calle y se escabulle entre los pocos arbustos bien cuidados de mamá y eleva su cabeza hacia mí. Hace un gesto con su cabeza y yo me aferro a la barra de la barandilla, sus ojos parecen sinceros y a pesar de estar oscuro noto un cierto brillo en ellos.
Me animo diciéndome que no era la primera vez que lo hacía y me suelto lentamente, cierro los ojos, y sucede tan rápido que siento sus brazos detener la caída. Me baja lentamente y doy un último vistazo al interior de mi hogar, las luces están encendidas pero no logró ver absolutamente nada. Me sobresalto al sentir como Aiden se deshace de su cazadora y la coloca sobre mis hombros. Incapaz de decir palabra alguna, permanezco cabizbaja y dejo que me guíe en silencio hasta el coche.
Dejo que abra la puerta y luego Aiden se sube al interior del coche. El día me ha parecido tan largo que una vez dentro, suspiro aliviada, me sentía mejor con alguien a quien conocía hace apenas más de un mes que con mi propia familia. Luego me doy cuenta que ni siquiera me he quitado la ropa con la que había asistido a la universidad y me siento estúpida al ver a Aiden con pijama, lo que me hace sospechar que quizá estaba acostado.
— Lo siento.
Apaga la radio y me observa de reojo, comienzo a arrepentirme de haberlo llamado ya que siento que soy un estorbo para él en este momento. Caigo en cuenta que soy una cobarde que no sabe enfrentar sus propios problemas y solo huye.
— Gracias— dice él.
Aquello me desconcierta y me giro a él de inmediato. La comisura de sus labios se elevan y me confunde, entonces pregunto:
— ¿Por qué?
Se encoge de hombros con ambas manos situadas sobre el volante y la vista fija en la carretera.
— Gracias por confiar en mí.
— Somos amigos, ¿no?— quito mi mirada de él porque sé que está mirándome y no quiero encontrarme con su reacción incrédula.
Aiden no está esperando una respuesta para que le explique todo lo que ha sucedido en mi casa y yo ni siquiera sé de donde tomé el valor para marcar su número y luego me encuentro en su coche. No importa donde, pero él siempre esta para mi y eso hace que comience a meterse debajo de mi piel como nunca nadie lo ha hecho y en gran parte me siento molesta por eso porque siento que Elizabeth está siendo reemplazada, aunque parece imposible. Es confuso.
Aiden se detiene en una estación de servicio y se baja del Audi para cargar combustible, distingo su ancha espalda por el espejo retrovisor y reprimo una risa al verlo en pijama. Mientras espera a que finalice de cargar combustible, asoma su cabeza por la ventanilla y con los nudillos golpea el vidrio para obtener mi atención.
—¿Ya cenaste?— pregunta.
Avergonzada, niego mi cabeza y él me sonríe.
Le paga al empleado que atendió a Aiden y dentro de la estación de servicio hay un apartado de comidas rápidas para quienes suelen viajar.
— ¿Está bien si cenamos allí?— propone —. Yo tampoco he cenado.
Asiento. Mi estómago ruge, necesito ingerir alimentos, no importa donde. Necesitaba hacerlo ya. Luego de quince minutos, Aiden camina hacia mí y me entrega un emparedado envuelto. Le agradezco por todo lo que está haciendo por mí y luego lo recompensaría con algo. Lo merece.
Tomamos asiento en unos escalones del lugar.
— Gracias...por todo.
Él se vuelve a mí.
— No hay nada que agradecer, estoy dispuesto a estar siempre allí para ti— susurra.
Contemplo su rostro y distingo sus mejillas con un leve rubor, al parecer no era la única que puede sonrojarse. Ver a Aiden Brooks ruborizado no es algo que habitualmente sucede.
— De seguro estabas por dormir y yo interrumpí lo que estabas por hacer.
Él ríe por lo bajo y niega la cabeza, a la vez que mastica un bocado de su emparedado.
— No hacía nada importante, solo estaba en el sofá viendo películas — hace una mueca—. Repito, gracias por llamarme, me siento importante.
Le doy un puñetazo en el brazo y escucho como ríe.
— Ojalá tuviera una vida como la tuya— murmuro sin siquiera pensarlo.
— Creeme que no te gustaría hacerlo.
Silencio.
Apoyo lentamente mi cabeza sobre su hombro. Al momento, mi corazón palpita tan fuerte que seguramente él puede escucharlo, intento retroceder pero para entonces ya es tarde cuando Aiden presiona con suavidad su cabeza sobre la mía.
Cierro los ojos y luego de unos segundos vuelvo a abrirlos, al escuchar la melodiosa voz de Aiden cantar a mi lado:
— I have seen peace. I have seen pain, resting on the shoulders of your name. Do you see the truth through all their lies? Do you see the world through troubled eyes?― empieza a cantar y me abruma una sensación de paz ―. And if you want to talk about it anymore, lie here on the floor and cry on my shoulder, I'm a friend.
(He visto la paz. He visto el dolor, descansando sobre los hombros de tu nombre. ¿Ves la verdad a través de todas sus mentiras? ¿Ves el mundo a través de tus ojos afligidos? Y si quieres hablar más de él, descansa aquí en el piso y llora en mi hombro, soy tu amigo).
― You and I have lived through many things. I'll hold on to your heart. I wouldn't cry for anything, but don't go tearing your life apart― mis ojos se llenan de lágrimas porque la letra toca mi corazón―. I have seen fear. I have seen faith. Seen the look of anger on your face and if you want to talk about what will be, come and sit with me, and cry on my shoulder, I'm a friend.
(Tú y yo hemos pasado a través de muchas cosas, voy a mantener tu corazón. No voy a llorar por cualquier cosa pero no van destrozando tu vida aparte. He visto el miedo. He visto la fe. He visto el aspecto de ira en tu cara y si quieres hablar de lo que será, ven a sentarte conmigo y llora en mi hombro, soy tu amigo).