—Eres jodidamente hermosa —murmuró, mirándome de arriba a abajo—. Todo esto es mío, Katie. Tus senos, tu v****a. Bajando las manos, agarró mis rodillas para empujarlas hacia atrás y abrirme hasta quedar completamente expuesta. La habitación era luminosa, por lo que podía verme perfectamente: mis vellos recortados y mi humedad. Estaba mojada, podía sentirlo en mi hinchado sexo y en mis piernas. —Nadie más te tocará. Nadie más verá tu pasión, escuchará tu placer o sentirá tu cálida v****a apretarse alrededor de su m*****o. —Entonces se inclinó, lamió mi abertura y movió la punta de la lengua por mi clítoris mientras me inclinaba hacia él. Más, necesitaba más—. Ni sus dedos. —Introdujo un dedo en mi interior mientras seguía lamiendo mi clítoris con descarada posesión. Mi sexo se apretó com

