Las palabras de Elisa hacían eco en mi cabeza.¡ Mi Madre! ¿Ella podría ser mi madre? Me quedé ahí sin poder moverme, Elisa lloraba en mi rostro, y yo no sabía qué decir o hacer. —Elena, yo más que nadie sé cuánto has sufrido, y sé que está noticia te pondrá en una disputa muy grande, pero quiero que sepas,que si realmente eres mi hija, estaré contigo hasta mi vejez.— sus ojos estaban brillosos. Tragué grueso, sintiendo como mis ojos corrían lágrimas, tal vez de dolor, o de alegría; no lo sabía. Elisa que estaba del otro extremo de la mesa, se puso de pies y me abrazó fuerte. Yo no supe qué responder, me abracé a ella por un largo tiempo hasta que las dos nos sepamos. —Debemos hacer una prueba de ADN, pero estoy segura que por fin te he encontrado, desde que te vi, reconocí tus ojos ens

