Diez

837 Words
Marco Después de correrme en su boca, Meredith salió de mi oficina. Abroche mi pantalón y seguí con mi trabajo, mi secretaria apareció enseguida. — ¿Que pasa Emma? — Pregunté con la vista en mis documentos. — El señor De Luca lo está buscando, lo espera en su oficina. — Gracias Emma yo me encargo. Acomode mi ropa y fui directo a la oficina de mi padre, su secretaria me indico que estaba solo así que pase sin avisar. — Buen día papá — Me senté frente a su escritorio. — Hijo tenemos que hablar, es hora de que te hagas cargo de la empresa, prepararé todo para para nombrarte presidente. — Gracias papá ¿eso significa que..? — Así es, envié a Jasper a recoger a tu esposa, debería estar en su graduación al momento de que llegue por ella, es momento de recordarle que todo lo que tiene es gracias a nosotros, estarán llegando mañana por la mañana, tiene indicaciones de llevarla directamente a tu casa. — De acuerdo ahí estaré.— Afirme molesto, con los puños apretados. — Recuerda que ni tus abuelos o tu mamá pueden enterarse de lo que está pasando. — Entiendo. Regrese a mi oficina y llame a Zaira para pedirle que prepare una habitación, ni loco pienso compartir cama con ella, suficiente es que la reciba en mi casa. *** — Estamos en camino — Aviso Jasper, pero le reste importancia, no tendrá el recibimiento que espera. Me encerré en el despacho para adelantar el trabajo, a esta hora ya estaria en la empresa, pero sabía que no podría llegar temprano así que me traje algunos documentos pendientes de revisar para no perder el tiempo. La puerta de abrió levemente y Zaira asomó la cabeza. — Dime Zaira. — El señor Jasper llegó. — ¿Viene solo? — Pregunte levantando la vista de los documentos. — No, está acompañado de una linda joven. — Gracias Zaira, puedes retirarte, ya salgo. La sala queda justo frente a mi despacho, en cuanto abrí la puerta quedé frente a ellos, camine eliminando la distancia entre nosotros, a cada paso que daba estaba más seguro de que ella era Charly la chica del antro. ¡jodida mierda! ella estaba parada justo frente a mi luciendo tan hermosa, movía sus manos con nerviosismo, la realidad me golpeó en la cara cuando Jasper hablo. — Señor De Luca, le presento a Charlotte Evans. La mire fijamente sin decir nada, su rostro tierno e inocente engañaba a cualquiera incluso a mi hace años, ella estaba ahí festejando que entró a la Universidad a costa nuestra y yo sin sospechar nada, se las ingenio para conseguir que me casará con ella, pero no obtendrá nada más. — Me da mucho volver a verte Marco — Dijo, rompiendo el silencio entre nosotros, su sonrisa golpeó las barreras que me protegían. — Estoy seguro que si — Claro que le da gusto verme, justo ahora debe estar sintiéndose dueña y señora de esta casa. Maldije el instante en que acepte recibirla en mi casa, todo sería más fácil si fuera cualquier mujer en el mundo y no ella. Salí de la casa azotando la puerta, me negaba a creer que ella era capaz de venderse por dinero, pero no había duda, aquí estaba, en mi casa, odie cada instante que pase pensando en ella, lo mucho que desee volver a verla. Conduje a toda velocidad hasta la empresa, con mis manos presionando el volante. Fui directo a la oficina de Orlando, entre golpeando la puerta con fuerza. — Es ella — Pase las manos por mi cabello con frustración, camine por toda la oficina como animal encerrado. — ¿Quien es? — Pregunto sin entender un carajo de lo que me estaba pasando. — Charly, Charlotte, cómo sea que se llame, ella es mi esposa — Me deje caer sobre una silla con mi cabeza colgando hacia atrás. — ¿Me estás jodiendo? — Que más quisiera, justo ahora están en mi casa instaladose. — Solo para dejar claro, ¿ estamos hablando de la misma Charly, la amiga de Lily, la del antro? — La misma. — Mierda, jamás lo hubiera pensado y dices que están en tu casa. — Llegó hace menos de una hora con Jasper. — ¿Que piensas hacer? Me encogí de hombros y me levanté de la silla. — Seguir con el plan, te veo después, tengo que hablar con papá. Fui a mi oficina, dispuesto a olvidarme de todo, tenía mucho trabajo pendiente lo suficiente como para no pensar en ella el resto de la semana. — ¿Algún mensaje Emma? — Pregunté antes de entrar a mi oficina. — No señor, lo esperan en su oficina. Meredith estaba recargada sobre mi escritorio, su escote me daba una excelente vista de sus senos, en cualquier momento la hubiera tomado ahí mismo, pero en este momento no me provocaba nada. No tenía ni veinticuatro horas de haber llegado y ya estaba arruinando todo.
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