Capítulo 3: Un cambio en las cosas

2333 Words
Narra Marnie: Siento que mi corazón va a salirse de mi pecho y que lo único que se oye en el baño son mis latidos acelerados. Todas las emociones y sentimientos que me causaba verlo vuelven a salir a flote, sencillamente porque nunca se fueron. Las ganas de saltarle encima y abrazarlo no me faltan. Y después de decir lo que dije, lo único que sale de su boca es: —¿Qué haces aquí? —pregunta con un tono de sorpresa bastante notable. No sé por qué su pregunta me decepciona un poco. Supongo que creí que diría un "Te amo y te extrañé" al verme después de tanto tiempo. —¿Te refieres a que hago en el baño de hombres o que hago en la ciudad? —pregunto frunciendo levemente el ceño. —A ambas, supongo —dice haciendo una mueca. —Pues... Volví a la ciudad —digo con una pequeña sonrisa esperando una suya de vuelta, pero no la recibo—. Y estoy en el baño de hombres porque necesitaba orinar y el de mujeres está cerrado. Aunque creo que no soy la única que está en el baño equivocado —añado mirando a la chica castaña a su lado. —¿Ana podrías dejarnos un momento solos? —le pide a la chica con una tierna sonrisa, de esas que me ofrecía a mi antes. La chica asiente y sale del baño. ¿Aquí es donde brinca hacia mi y me dice que me ama y que quiere que volvamos a estar juntos? —Stephen... —digo acercándome a él con unas ansias y deseos de tocarlo y sentir que es real, pero a penas pongo un dedo en su pecho, toma mi mano y me detiene. Me confunde y me mira por unos largos segundos, como si también estuviese tratando de entender la situación y descifrar si es real. Aleja mi mano de él, pero a pesar de que es un rechazo de su parte, sé que no lo quiere así, porque el hecho de que acaricie mi mano con la suya y que me mire a los ojos y el brillo de hace tres años que no había visto aparezca de nuevo como la primera vez, me hace darme cuenta que aún sigue algo allí. O al menos eso me gustaría creer. —Marnie, creo que estás confundida —dice sin duda confundiéndome. —¿A qué te refieres? —¿Por qué volviste a la ciudad? —me pregunta dando unos pasos hacia atrás. —Yo... Extrañaba muchas cosas —admito en voz baja—. Tú eres una de ellas —agrego sin miedo, me mira sin expresión y suspira. —La chica que está afuera esperándome y que estaba aquí hace unos segundos es mi novia —dice dándome la noticia como un cuchillo al corazón. Creo que a Stephany se le olvidó mencionar que su hijo tiene novia. Esto no me lo esperaba. —Yo... No lo sabía —digo haciendo una mueca. —¿Cómo lo harías? No hemos hablado por tres años... Y ahora te apareces aquí, en mi ciudad, en mi universidad... Y en el baño de hombres —dice frunciendo el ceño en la última frase. —Yo simplemente... —balbuceo y juego con mis dedos. Ni siquiera sé que decir. —¡Stephen cariño debemos ir a clases! —exclama la chica desde afuera. Stephen me mira pero me quedo en silencio, luego sale del baño y me deja sola. No puede ser. ¿Qué m****a acaba de pasar? El chico del que estoy enamorada y por el que volví a la ciudad me ha dicho que tiene novia. Eso acaba de pasar. Me siento en shock y me quedo parada como una boba mirando por donde salió, paso mis manos por mi rostro y cierro mi boca. Sacudo la cabeza y camino hacia el lava manos, abro la llave y lavo mi cara. Me quedo mirando a la pared aún en shock, alguien entra al baño y me mira pero ni siquiera le presto atención. Me mira con la ceja arqueada y un tanto extrañado, carraspea la garganta y se queda en silencio. ¿No puede orinar y ya? No, Marnie. Estás al lado de los orinarios. Bufo y me quito, aún así el chico no deja de mirarme. —¿Puedes mear y ya? Estoy tratando de tener mi momento de shock —digo sin duda estresada, deja de mirarme pero no se mueve. Ruedo los ojos y salgo del baño de hombres de una buena vez. Como no sé a donde diablos ir, veo por primera vez mi horario y busco la clase que me toca justo ahora. Comunicación. Bien, me gusta, no me quejo, es parte de la carrera que elegí. Veo el número del aula y frunzo el ceño, ¿4335? Miro a los alrededores y observo que estoy afuera de las aulas 201. ¿Dónde m****a están las aulas 4000? Bien, no entres en pánico, Marnie. ¡¿Cómo que no?! ¡Stephen tiene novia! Suelto un grito y hago un puchero de niña malcriada. Sin duda estoy entrando en pánico. (...) Doy una última vuelta y por fin encuentro el aula, abro la puerta e inmediatamente la atención de todos los demás se posa en mi, ¿Cómo no? Todos voltean a mirar a la zombie perdida. —¿Eres nueva? —me pregunta un chico sentado al frente. —No, a veces puedo ser invisible, por eso jamás en tu vida me habías visto aquí —respondo no con el mejor humor. Algunos se ríen pero los ignoro, camino hacia la profesora y le muestro mi horario, me da algunas indicaciones y señala que me siente donde quiera. Tomo asiento literalmente donde quiero, y me pongo a reflexionar sobre mi triste vida. Es hora de un cambio de planes. Necesito una buena estrategia para hablar con Stephen. Sólo tengo un gran obstáculo en esta misión a la que me lance al volver: su novia. O bueno, dos obstáculos: no le intereso mucho. O tres: ya no es el mismo solitario, ahora al parecer tiene amigos y en vez de pasar tiempo solo en el que podría acercarme a él, debe pasar el tiempo o con sus amigos, o con su novia. Bien, bien, tengo muchos obstáculos. Me pongo en posición de descanso y me encierro en mi estrés. Hoy es mi primer día y encontré el aula ya casi finalizando la hora, así que lo que diga la maestra en estos próximos cinco minutos no me ayudará de mucho. El timbre suena y todos se levantan, me quedo en el aula unos minutos más tratando de pensar a donde iré a almorzar. No tengo amigos aquí. Y Stephen tiene novia. Diablos, Stephen, ¿Por qué tienes que tener novia? Salgo del aula ya que la maestra cerrará el salón, miro hacia todos lados y cuando me doy cuenta que no sé a donde ir para llegar a la cafetería, me decido por seguir a la maestra. La sigo sigilosamente por los pasillos hasta que me lleva a la cafetería, ella sigue su camino y yo me quedo en mi destino la comida. Aunque todas las ganas de comer se me van cuando veo a dos ciertas personas abrazadas en una de las mesas del comedor. Trago fuerte y evito hacer una mueca de desagrado que más bien se convertiría en una de máxima tristeza, la chica que no recuerdo su nombre busca sus labios para plantarle un beso, pero Stephen se percata de mi presencia y la rechaza, luego ante la cara de confusión de su chica, le sonríe dulce sin decir nada. Al menos tiene la decencia de no besarla en mi cara. Gracias, yo también te sigo amando. Suspiro y camino hacia alguna mesa que se encuentra vacía, me siento como toda una solitaria y me coloco a jugar el juego de las culebritas en mi teléfono. —¿Necesitas compañía? —me pregunta un chico sentándose junto a mi. Lo miro por unos segundos y luego dirijo mi mirada de nuevo a mi teléfono. No quiero hablar con nadie, siento que si abro la boca y establezco una conversación no pasarán ni dos segundo segundos hasta que me ponga a hablar sobre lo triste e inútil que se ha convertido en mi vida amorosa desde hace una hora. Pero bien, no me puedo quedar lamentándome por toda la vida. Tampoco puedo volver a la otra ciudad, así que necesito arreglar las cosas con Stephen. Y ya sé que tiene novia, y se supone que debo respetarlo pero... Al menos podemos ser amigos. Si, Marnie, sobretodo. Ignoro al chico a mi lado que iba a comenzar a hablarme de nuevo y me levanto de la mesa cuando veo a Stephen salir solo y dejar a sus amigos y a su novia en la cafetería. Lo sigo disimuladamente hasta salir del comedor y luego le toco la espalda captando completamente su atención. Apenas voltea y me mira, me siento intimidada como la primera vez que hablé con él. Aquella vez cuando le dije que quería que me enseñara cosas sexuales. —Hola —digo tratando de hacer tiempo para pensar cómo robármelo al salir de la universidad—. No tuvimos un muy buen reencuentro en el baño... Ni siquiera hemos tenido una buena conversación, y realmente me gustaría poder hablar contigo, así que... ¿Qué te parece si después de clases vamos por un sándwich o una hamburguesa? Conozco a Stephen, no puede negarse a esta propuesta. —Marnie no creo que sea muy buena idea. Después de clases saldré con mi..—se percata de que diría una palabra que me lastimaría y se calla—. Saldré con Ana —suspiro—. Y no sé si sea muy buena idea tener esa conversación, lo siento —me sonríe de lado y continúa con su camino. ¡Ya que venga un camión y me aplaste, por Dios! No sé si reír, llorar o ir corriendo detrás de él y pegarle. Creo que mejor me voy a ir a buscar el salón de mi próxima clase. (...) Termino de hacer la tarea asignada y me pongo en posición de descanso dejándome llevar por el sueño. Ya termine lo que había que hacer así que no debe haber problema si duermo un poco, pero en cuanto cierro mis ojos y comienzo a caer en mis dulces sueños profundos, alguien toca mi brazo llamando mi atención. Subo la vista y veo al chico de ojos azules quien ha estado sentado junto a mi todo este tiempo. ¿No me hablo durante la clase y va a venir a hablarme cuando ve que voy a dormir? Dios, que falta de respeto. —¿Eres nueva, verdad? —ruedo los ojos y resoplo. Es irritante escuchar tantas veces esa pregunta. —Antes vivía aquí, luego me fui por unos años y ahora estoy de regreso —respondo acomodando el cabello que cayó en mi rostro cuando me levante de mi posición de descanso. El chico asiente y abre un poco la boca haciendo un con sus labios una "o". —¿Cuando vivías aquí antes conocías a Stephen Queen, no? —asiento un poco confundida y lo miro extraña—. Es que te vi hablando con él hoy, repetidas veces en realidad, entonces me pregunté si en serio eras nueva o si he estado tan drogado y distraído en mi tiempo en la escuela que no te he visto nunca. Frunzo el ceño ante lo último que dijo y me fijo en lo importante. —¿Eres amigo de Stephen? —pregunto elevando levemente la ceja, asiente—. ¿Eran amigos desde antes o se conocieron aquí en la universidad? —Nos conocimos aquí en la universidad, aunque en realidad fue en una fiesta... —dice juntando sus cejas como si estuviese recordando—. Pero en fin, después de la fiesta resulto que estudiábamos juntos. —¿Eres parte de su grupo de amigos? —¿Hablas de los cinco chicos que siempre están con él? Yo que sé. No sé cuantos amigos tendrá, si serán tres, dos o seis. —Si... —digo medio insegura, asiente. —Si, la mayoría del tiempo estamos juntos —asiento y proceso esa información. El timbre suena anunciando el final del día, sonrió con felicidad por primera vez en el día y salgo del aula disparada dejando al chico que no sé su nombre atrás. Estoy ansiosa por irme a mi departamento y comer hasta que se me olviden los constantes rechazos que recibí hoy. Saco mi teléfono y le marco a Sophie para que venga a recogerme, pero a penas comienzo a llamarla me manda al buzón. Rayos, debe de estar trabajando. ¿Cómo diablos me iré a mi casa? Saco mi cartera y busco dinero para un taxi, pero después de rebuscar tres veces me doy cuenta que estoy más pobre que un propio indigente. Resoplo y miro hacia la acera, conozco la ciudad, quizás se me han olvidado algunas calles pero aún sé llegar a mi antigua casa, y sé que el nuevo departamento queda a unas cuantas calles de allí, así que estamos bien. Saco mis audífonos y coloco música, busco alguna que me saque de mi depresión pero fallo en el intento y termino colocando Perfect de Ed Sheraan. Comienzo a caminar y relajo un poco mi cuerpo, camino unas cuantas cuadras y después de unos minutos siento un auto pararse a mi lado, bajar la ventanilla y tener los ojos de alguien mirarme fijamente. Ya me violaron. Nerviosa me quito los audífonos y volteo a ver al auto. —Creí haberte enseñado a conducir hace algunos años para que no tuvieses que pasar por esto de caminar a casa —dice Stephen haciéndome una señal para que me monte en su auto.
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