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4545 Words
El tren había tardado poco más de cuarenta minutos cuando hizo la primera parada. Todavía quedaba camino para que Carlos y Any estuvieran cerca de la muralla china, pero Sabían que eran sentimientos plus cuan perfectos que se fundían con emoción —Inclusa en la mente preocupada y alerta de Carlos— porque una nueva aventura tendría  con su fiel amante Any. Dos horas más pasaron en el tren, el clima estaba nublado y daba la impresión de que una tormenta se desataría en cualquier momento, —Carlos se veía preocupado por eso— Any y Vanessa dormían a un lado del abogado, la licenciada recostaba su cabeza en el hombro del abogado, mientras que la pequeña niña dormía placenteramente en la panza de su madre.             Después de un rato, Carlos con delicadeza pellizco la mejilla de la chica, haciendo que esta despertara en el acto. —Ella puso sus ojos en el—  El chico quedo viendo esos pequeños ojos grises. Seguido de un beso en los labios, despertó por completo a la joven inmersa en sueño profundo, —Es hora de despertar bella durmiente— Dijo en un tono burlón el abogado. —Si príncipe— Respondió ella. Los dos aludidos bajaron en la siguiente estación cargando a la pequeña Vanessa quien había quedado en un sueño profundo. Ya era de noche y Carlos  fue a buscar  hospedaje en alguna  parte del pequeño pueblo de Simatai A 140 Kilómetros de Pekín.             Any se sentó a esperar a Carlos en la pequeña banca de la estación estaba por llover y entre temblorosos quejidos por el frio de la zona esperaba que su abogado no se tardara demasiado, porque si no se iban a congelar. Se sentó viendo a la pequeña Vanessa que aún estaba dormida en un sueño acogedor, le brindaba algo de calor a la licenciada, su barriga estaba caliente, ella acaricio los mechones de la pequeña niña, y después le dio un beso en el cachete, Any escucho dos pasos retumbando delante de ella, miro para arriba y era la silueta de Carlos con la camiseta un poco mojada. —¿Está lloviendo Cariño?— Pregunto ella encantada, por la llegada de su abogado. —Vámonos de aquí, encontré donde quedarnos— Carlos resolvió la situación y Any puso una sonrisa de punta a punta. Carlos cargo a la pequeña dormilona entre sus brazos, y empujo la pesada maleta, dejando a Any con las maletas más pequeñas. La lluvia era indómita, mientras que la pareja se mojaba hasta lo más profundo de sus ser. Any decidió sacar el paragua que se le había olvidado abrir momentos atrás, recordando que la tenía saco de la maleta pequeña una paragua con bordes amarillos, fondo rojo y unas flores como decoraciones, típico en la rivera china. Ella de inmediato alcanzo a Carlos dando dos zancadas largas, —Él ya estaba muy adelante— Y metió la paragua encima de su cuerpo. —Así vamos mejor— Con rapidez ella también se metía debajo de la paragua y se pegó al cuerpo del abogado estaban tan cerca que su trasero quedaba en las piernas tonificadas del joven. Por efecto del movimiento a veces por el recorrido el trasero de Any chocaba con la entrepierna de Carlos. —Haciendo que su pequeño amigo despertara— Carlos simplemente disimulaba su percance. El abogado se mostraba rígido y con tranquilidad, pero por dentro estaba casi explotando por el deseo que le provocaba su jefa, más en el frio del ambiente, o el calor de su cuerpo chocando con la de ella, no se pudo contener en imaginar miles de escenarios placenteros. Pasionales y amorosos. —No te preocupes— Dijo ella sacando a Carlos del trance. —Ya note la elevación entre tu pelvis— Carlos se puso rojo como un tomate. —Disculpa— Ella solo rio un poco mientras la lluvia se calmaba algo más. Con unos minutos más de caminar debajo de la frondosa lluvia llegaron al pequeño hospedaje que Carlos había pagado. Era una casa, algo larga con muchas ventanas con dos plantas  y algunos pocos cuartos.  —Llegamos, allí nos quedaremos estos días— Ella no puso obstáculo y entro al edificio de un brinco. Abrieron la puerta y el interior cálido de la casa dio la bienvenida a la pareja. En el extremo de la sala un hombre algo mayor esperaba en la chimenea con dos tazas de chocolate caliente. —Bienvenidos— Dijo con gran potencia vocal. El viejo era de una estatura razonable, un aspecto de película: Su traje bien elegante, de un color azul marino. Un bastón —Con el que se ayudaba para caminar— y una pulsera amarilla en su mano izquierda. El hombre los recibió con gran calidez, e invito que se sentaran en la sala mientras alguno de sus criados llevaba las maletas a la habitación de huéspedes. Un mozo enseguida bajo de la segunda planta  y se llevó las pesadas maletas, Any tomo una de las tazas repletas de chocolate, casi de inmediato se lanzó al mueble sin ningún tipo de pena. —Any deja Lo descortés— Dijo Carlos. El hombre también invito a Carlos A tomar asiento, cosa que no dudo ni un segundo. Carlos con cuidado se sentó en uno de los muebles, con sumito cuidado de no lastimar a la pequeña Vanessa.  —Tomen Chocolate y después vayan a dormir, el viaje hasta aquí, es largo deben descansar bien— Carlos con una reverencia agradeció la estadía en la casa. El distinguido caballero fue a la segunda planta de la edificación subiendo lentamente. Any estaba ya medio dormida  con la taza de Chocolate en el piso, sostenida apenas por sus dedos frágiles. Carlos como pudo tomo la taza y la puso en la mesa, terminando de Beber el chocolate subió primero a Vanessa y después a Any. Despistado en cual era la niña menor.  Todos durmieron en la misma cama, Carlos Arropo con las sabanas muy cuidadosamente a las dos chicas, mientras él se metió de ultimo a su lecho. Arropándose y abrazando a las dos chicas a su lado, el resto de la noche correría con fuertes juvias y un frío del otro mundo, que ninguno pudo sentir, pues el calor de su familia los mantenía calientes. La mañana siguiente llego tan rápido como una golondrina, Any despertó de primera Buscando alocadamente el baño de la casa. Carlos por el ruido de la Any también despertó. Y se quedó cuidando a la pequeña niña mientras Any llegaba al dormitorio. De puntas en pie llego Any corriendo del baño. Tratándose de meter a la cama de nuevo. —Despierta dormilona ya son las nueve de la Mañana—  Dijo Carlos esperanzado de que le hiciera caso. Pero la chica solo le dio la espalda y se metió debajo de la sabana para seguir durmiendo. El abogado si se despertó, se levantó y se cepillo los dientes, después lavo la cara y finalmente se pegó un baño. Bajo rápidamente a la cocina donde de repente se encontró con El señor de la posada     — Uy me asusto Señor Wung—Dijo Carlos poniéndose la mano en el corazón. —Así de viejo estoy muchacho— Carlos se rio con el Señor Wung. —¡Muchacho! ¿tu familia se siente cómoda en la posada?— Carlos afirmo con la cabeza. —Cuida de ellas, son lo único que tienes, sabes no las trates mal, ni nunca te guardes algo para ti, si tienes algo que decirles solo díselos, aunque sea penoso o aunque no puedas decirlo. Porque “La vida no se vive Dos veces” y un día puede ser que te arrepientas de todo lo que no dijiste— —Gracias Señor Wung, por todo, por dejarme quedar en su habitación aun cuando no habían más cuartos disponibles, — Carlos Inclino la cabeza en símbolo de respeto y agradecimiento costumbre en la china moderna y antigua— gracias de verdad. —Alza la cabeza muchacho, yo ya estoy muy viejo para andar haciendo de padre de alguien. Solo ve y disfruta de tu familia, te lo dice un viejo que ha vivido mucho. Mientras más tiempos valores con ellos, nunca te sentirás solo. —Golpeo el piso con el bastón— Ahora ve y hazle el desayuno a tu esposa. —No es mi esposa Señor Wung. —¿Entonces qué es? Si estas con ella, hazla tu esposa, si la quieres hazle tuya, si la quieres  pierde con ella… —Él se rasco la barbilla— aunque pensándolo bien, esto parece una escapada, todo coincide, nunca los he visto por ahí, no sé de dónde vienen, y llegan de repente a la ciudad. No será… —No señor Wung, no nos escapamos —interrumpió Carlos con certeza— estamos aquí de vacaciones solo eso. Además venimos a visitar la muralla. —Oh que bien la muralla, dicen que cada dos años una tormenta hace que la gente pase la noche en la muralla sin poder escapar de sus torres de vigilancia. Ten cuidado hijo no vaya a ser que se queden atrapados en la muralla. Carlos afirmo con la cabeza, y el Señor Wung se fue a su oficina, caminando lentamente, con una sonrisa de sabiduría. Sabiendo que esos dos estaban metidos en un lio gigante. Pues el diario de la mañana se relataba todo lo ocurrido y el señor Wung ya lo había leído un par de veces, escrutando lo que la prensa decía, comparando con lo que él veía. Carlos entro en la cocina de la posada, esperando encontrar algo de comer, pero no había nada, incluso la nevera estaba vacía. Asi que se puso unas botas deportivas y salió a la calle a comprar algunas cosas. La lista estaba hecha por completo.  Huevos, carne, leche, queso y demás víveres. Sin olvidar alguna golosina para Any por consecuencia para Vanessa también. Un pequeño mercadillo estaba a la esquina de la posada y pudo abastecerse de todo lo que necesitaba, volvió con rapidez a la posada para preparar el desayuno para su amada Any. Cocino todo en su perfecto punto, una pizpas de sal por allí y una buena sazón que bailaba al son de la música pop de china las más populares en la radio que escuchaba.  Cocino todo y en una bandeja puso dos platos y dos vasos, subió con parsimonia las escaleras empinadas y abrió la puerta —El desayuno está listo— Dijo con gran potencia vocal, Any ya estaba despierta jugando con Vanessa, ella voltearon a mirar al hombre. —¡Papi!— Grito Vanessa a todo pulmón. Any estuvo a Vanessa para que no brincara encima de él. Carlos aludido se acercó y puso la bandeja en la cama. —Coman chicas— Dijo con autoridad. —Gracias Cariño— Any estaba con una sonrisa de punta a punta y un poco sonrojada. Pasaron dos horas más, y Carlos mando a vestir a Any,  ella obediente hizo caso a la orden del abogado, poniéndose unos jeans ajustados y una camisa negra. Vanessa también estaba vestida para salir, Any no sabía a donde iban. Carlos vestido para salir llego con un morral y dos tiques, Ella inclino la cabeza porque no sabía a donde iban. —¿Lista cariño?— Pregunto el abogado. —Si bebe— Los dos salieron de la habitación de las manos agarradas a la pequeña Vanessa, —Esta iba brincado— con la felicidad al máximo la pareja ponía rumbo a un nuevo paraje que  iban a recordar el resto de sus vidas, ya sea un plan de Carlos o una encrucijada del destino. Wung esperaba en la recepción, y se despidió de ellos —Cuídense los espero por la noche—  Carlos se despidió alzando la mano, y Any le giño el ojo al señor. Mas tarde dejaron a la pequeña con una canguro que la cuidaría en cualquier situación, Carlos le dio una maleta colosal a la chica, mientras que Any casi lloraba incapaz de separarse de su pequeña hija. Después de despedirse como mil veces de la pequeña Vanessa tomaron rumbos a las montañas del pueblo, Carlos iba con paso rápido, mientras que Any tardaba más para caminar, pero ambos agarrados de las manos como quinceañeros. Carlos buscaba una camioneta que los iba a llevar hasta el punto más próximo de la muralla casi cruzando la frontera con su país vecino. Buscaba a un experto guía Llamado Xia An, un hombre de cabello castaño, alto de estatura promedio bien parecido, y con una experiencia gigante en cuidar personas y guiarles en expediciones por la muralla. Carlos iba buscando la camioneta de Xia An para dar inicio a la pequeña aventura que tendría con Any             —Hey aquí estoy. —Gritaba el chico Xia desde su camioneta esperando a los muchachos que iban a ir con él a la muralla. Ondeaba sus brazos de una lado a otro para que se acercaran con rapidez.             —ya llegamos Xia An. Vámonos a la muralla.             —¡Uy! pero vienes bien acompañado abogado ella es una hermosura es tu novia.             —Si es mi novia y mucho cuidado con lo que dices niño.             —Perdóneme usted amigo, pero debemos subir ahora en la camioneta nos presentaremos, me avisaron que viene una tormenta así que es mejor que no nos tardemos mucho allí arriba. Dijo con el pecho afuera, y una sonrisa de oreja a oreja. Any dudaba en la actitud del chico, no se veía alguien con experiencia en guiar expediciones, apenas tendría algunos veinte y tres años de edad y su confianza con la gente desconocida lo hacía algo muy desconfiable. Carlos sonreía como un niño y por primera vez que estaban juntos Any dudaba del juicio de su abogado. Ella siempre se mantuvo un paso atrás de Carlos. Por si algo ocurría ella pudiera salir ilesa en el peor de los casos, pero tampoco iba  a echar a perder la expedición por una que otra patraña suya, ni por la alerta de tormentas que pasaban cada diez minutos por el radio de la camioneta. Carlos subió a la parte trasera de la camioneta y Any se sentó a un lado de él.  Agarrada de su brazo sin ganas de separarse ni un momento. Xia An prendió el motor de la rustica camioneta y de un golpe salieron a toda velocidad a los caminos de tierras para llegar a lo más alejado de la muralla y encimarse a una torre vigía. Any aterrada por la forma de conducir del joven se aferró más al hombro de Carlos. —¿Tienes miedo jefa?— Pregunto el abogado con algo de bufo en su mente, deslumbrando una sonrisa maliciosa. —No nada en especial abogado, más vale dígame usted, ¿saldremos vivos de esta situación? —Any apunto con los ojos al entretenido Xia que contaba anécdotas de la muralla pero que ninguno de los dos escuchaba por el ruido del motor de la camioneta. —¡ja! Deje lo desconfiada él es el mejor de la zona, sino nunca lo hubiera contratado. —Sin dilaciones algunas, Carlos aprovecho la proximidad de Any y le platón un ligero beso en los labios. Xia An llego a lo más próximo de camino, después de unas tres largas horas de viaje incomodo pasando por baches y las nubes de polvo que generaba los cauchos de la camioneta. Al final Xia An los dejo en una larga escalera para subir a la parte superior de la muralla donde se vía un gran paisaje. Xia regreso a la ciudad porque tenía que transportar a la otra pareja. Dejando a Carlos y Any solos. En completa soledad en la amplia muralla china. Se escuchaba el paisaje, el viento decía su nombre, los animales e dejaban ver, y Any se sorprendía hasta por el crujido de una rama. —Tienes miedo— Dijo Carlos llegando por detrás de la chica y tomándola entre sus brazos. Abrazando su espalda y  poniendo su cabeza en el delicado hombro de la mujer —Me asustaste abogado— Él sonrió con algo de malicia —No debes temer yo estoy aquí— dijo con gran carácter. —Este prado es bueno para hacer una casa ¿verdad? —Si abogado, ¿insinúas algo? —¿Puedo insinuarlo jefa? —Adelante abogado… —Ella se acurruco entre su pecho. —Digo… que nos alejemos de la ciudad, que nos vengamos acá, construyamos una casa y seamos felices junto a Vanessa, lejos de los problemas de la ciudad, y lejos de tus hermanos. Eso insinuó jefa. —Vaya pero saliste gallito. —Ella rio un poco. —Puede ser… —El rio— Si me convences. —ósea que eres una chica difícil. —Algo así, sabes de donde soy las chicas de Shangai somos complicadas. —Entonces te convenceré de alguna manera. —el inclinó un poco la cabeza viendo esos hermosos ojos color gris, y bajando un poco más sus labios, hasta rozar con los de ella terminando en un jadeante beso. —Te quiero Licenciada, y no es por ahora, es para siempre. —Tú y tus cosas, tonto yo también te quiero. Bebe. Un estruendo de tormenta retumbo en  las lejanías, haciendo que muchas aves volaran de allí. —Entremos a la muralla— dijo Carlos, tomando la mano de la chica y arrastrándola con él.  —Carlos nos vamos a mojar— Any tenía miedo de quedar varada en la soledad de aquella infinita naturaleza inmensurable. —Tranquila no pasara— Carlos la y Any subieron las escaleras rápidamente hasta la torre del vigía la única zona —aparte de las escaleras— donde el agua no entraría.  Carlos y Any estaban acoplados a los muras de la torre de vigilancia mirando al occidente, la tormenta era fuerte, se veía como las gotas de agua caía en las lejanías de la muralla. Sorprendidos por tal espectáculo no pudieron hacer más, que esperar a la tormenta, el celular de Carlos no servía porque no tenía cobertura. Y el pequeño radio de onda corta, estaba muy lejos de algún canal de comunicaciones. Por el clima y las adversidades, Xia An no iba a llegar con la camioneta, solo quedaba esperar a que dejara de llover. —Preparémonos para la tormenta jefa va a ser fuerte. —Echo pero mejor cubrámonos. —Any saco de su bolso un abrigo de lana. —Con eso lo único que haces es verte tierna. La lana no sirve en un escenario asi. —¿Entonces que me pongo? —Déjame ver tu abrigo —Any le paso la mochila que cargaba a Carlos este echo un pequeño vistazo— No llevas nada de utilidad. —Saco maquillaje—Crees que en una selva como esta va a servir de algo el maquillaje. —Hurgo mas y encontró un libro— Un Té “El Destino Nos Unió”…  parece bueno pero no creo que te diera tiempo de leer algo. —Bueno es que tampoco es que vas a encontrar una tienda de campaña. —¿Que es Misil?… tienes permiso para portar armas de destrucción masiva —Any vio como del bolso sacaba su placentero juguete en forma de torpedo de color plateado con un leve aumento en su parte superior para pasar algunos ratos divertidos.   —Dámelo no te incumbe eso abogado. —Any furiosa agarro el bolso mientras el abogado se echó una risa y se cruzó de brazos.   —No sabía que te gustaba esas cosas jefa. Una brisa intensa ataco las mediaciones, arrebatando las hojas de los arboles e hizo que Any sufriera varios respingos. —Abrígate, preparare las cosas para que acampemos— Carlos con pasos firmes empezó a sacar de su mochila unos abrigos  impermeables y una sábana. —Ve para allá— Señalo el abogado al descanso de la escalera. Carlo se puso el impermeable y Any salió corriendo al descanso de la escalera. Con un catalejo vio la proximidad de la tormenta y se dio cuenta que tenían como  cinco minutos antes que los alcanzara. La profundidad de la tormenta era inmensa cosa por la cual decidió buscar otro lugar para acampar, porque en el que estaban actualmente iba a ser inundado por torrenciales de agua. Las goteras de agua muy fría empezaban a caer y Carlos no encontraba otro lugar donde poder quedarse. Buscaba en las lejanías de la montaña alguna cabaña para ir corriendo con la esperanza de no mojarse demasiado. —esperanzado de no pescar una pulmonía— sabía que por los caminos llenos de fango y lodo con múltiples charcos de más de dos metros de profundidad. Ningún rescatista vendría así lo explico Xia An. Buscaba de arriba abajo una luz, un humo, una señal de vida. Pero nada pudo encontrar. Desesperanzado miro para la otra parte de la muralla, vio una planicie lejana, donde por los lados estaba totalmente descubierta y la vegetación no era tan espesa como el resto del ambiente. Con el catalejo no podía distinguir la gran cosa, pero vio una mancha de color gris a la distancia a poco mas de dos kilómetros en línea recta. —Jefa prepárese para correr. Any que estaba en la escalera se puso rigida y se asustó un poco. —¿Porque Carlos? —Creo que encontré donde pasar la noche. —Crees… no estamos para eso, mejor quedémonos aquí. —¿Tienes miedo? Pregunto el abogado viendo fijamente a los ojos de u jefa. —No pero… —Any se sentía insegura e incapaz de mirar a Carlos a los ojos. —Vámonos… El abogado paso por un lado de Any tomándola de la mano y bajando en trote las escaleras. Afuera de la muralla había un viento que arrasaba con fuertes ventiscas a los árboles, las ramas parecían partirse en dos y ser empujadas por la fuerte ventisca. Carlos se dio cuenta que la tormenta estaba casi encima de ellos, así que decidió apurar el paso —Corre Jefa no te quedes atrás o vas a pescar una pulmonía— Con una sonrisa Carlos reconforto la confianza de la aludida Any. —Si— Respondió ella con  gran confianza echándose a correr junto a su abogado.  Carlos marcaba el ritmo y aunque nunca escucho un quejido de Any por su cansancio o por su delicada apariencia —Que ahora descubría que no era la chica sensible de ciudad sino que también podía ser una mujer valiente y fuerte en ocasiones— La chica baja por barrancos se lanzaba por las laderas de pequeñas colinas y se abría paso por las llanuras en las que estaban entrando. —Vas al gimnasio jefa porque tiene buena resistencia— Ella volteo los ojos. Eso a Carlos le gustaba tanto que por dentro se descontrolo totalmente. Goteras cubrían todas las partes del pequeño valle. Ellos estaban empapados hasta las rodillas. Mientras más se acercaban notaron que había una pequeña cabaña a menos de cien metros. La patrona se alegró totalmente y casi que dejaba de correr apenas faltando cien metros para la cabaña. Carlos vio que su acompañante convalecía y caía en frenesí. Casi ahogada por la falta de aire en sus pulmones Any cayó casi desmayada en el suelo. Carlos se paró de lleno y se arrodillo a ver que le pasaba. Ella estaba roja como un tomate, muy agitada, no podía calmarse pese a que Carlos le estaba haciendo primeros auxilios. Ella cerraba los ojos lentamente. —Eso a Carlos no le hizo nada de gracias— Carlos puso sus manos sobre su pecho. —1… 2… 3…— y empujaba con fuerza el tórax. —Any respóndeme— Gritaba desconsolado casi perdiendo el control —Hey respóndeme— Carlos miro a los alrededores no encontraba que hacer. —Any no te vayas Jefa— él puso las manos de Any que estaban muy frías en su rostro, y beso el puño de su patrona. Sin perder tiempo él la cargo en sus brazos y se acercó más a la cabañita. Corriendo con todas sus fuerzas el abogado puso su alma en llevar a su jefa sana y salva a la cabaña. De repente de la nada una rama se desprende de un árbol cercano y por efecto del viento la larga y pesada rama da unas pocas vueltas e impacta en suelo, pasando por un lado de Carlos.  —Lastimándole la pierna— el chico cayó por efecto de la rama, pero se levantó sagaz aunque no podía moverse con tanta facilidad. Jadeando por el dolor producido en la herida de la pierna no quiso rendirse y paso tras paso, aun sintiendo que su pierna se quebraba como un cristal avanzo cincuenta metros más hasta llegar al pasillo de la casita. Allí se derrumbó —pero sin dejar golpear a la chica— se tiro de espaldas a la pared, cayendo sentando al piso de madera. Carlos toco un par de veces la puerta con los nudillos, pero nadie salía. No le quedaba remedio, era tirar la puerta o morir de hipotermia, pulmonía e infecciones. Puso a la chica aun desmayada en el piso. Y levantándose del suelo, —poniendo mucho esfuerzo en una sola pierna— con dos grandes golpes a la puerta, pudo deshacer la cerradura vieja, y consiguió abrir la casa. Adentro estaba oscuro pero como pudo se abrió paso, tomo a la chica entre sus brazos y la puso en el mueble de la sala principal. Apurado por el desmayo de su patrona, busco y hurgo entre la cabaña, encontró algunas sabanas, estas estaban en la única habitación de toda la edificación. —Si es que a eso se le puede decir edificación— en el baño de la casita no había nada, solo el escusado. Volvió a la sala, y cerró la puerta, atravesando un mueble para que el viento no la abriera. Y le puso la manta encima del cuerpo mojado de la patrona. Enseguida fue a buscar a un paño, aunque sabía que no estaba en un hotel cinco estrellas. En una de las cajetines de la habitación, había alcohol, medio frasco de él. Entonces no dudo en usarlo con un pañuelo. Rápidamente volvió a la sala, y destapo el frasco de alcohol, y lo roció en el pañuelo. Puso el pañuelo de lleno de alcohol debajo de la nariz de su patrona, y casi al instante ella despertó tosiendo. Estaba roja y no podía distinguir nada, estaba muy asustada, muy insegura. Volteaba la cabeza a todos los lados como si buscara algo. Carlos cuando reacciono la abrazo con todas sus fuerzas, poniéndola en su pecho. El abogado cerro los ojos en un fuerte alivio —Calma estoy aquí— dijo el  con una vos segura. —¿Eres tu Carlos?— pregunto ella con desconfianza. —Si quédate tranquila soy yo— Carlos acaricio con las puntas de los dedos el cabello de la licenciada, ella no se quedó atrás porque metió sus brazos entre la espalda del abogado y se apretó fuertemente de su hombre.
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