La tarde estaba cayendo y la noche se aproximaba, todo apuntaba que Jeyko estaba preparado para ver los duendes de las seducciones salir de su cuerpo, era momento de ir y enseñar un poco de carne y seducción. Quería que esa noche fuera especial y única por lo que no estaba dispuesto a que nada arruinara esa noche de desenfreno que tenía programada en su mente. Se vistió como de primavera, colores fuera de lo común pero que a él le asentaban excelentemente por su tono de piel dorada y bronceada, deseaba estar por encima de todos los estándares estipulados en Madrid y romper las reglas que se hubiesen establecido. Llevaba puesto un pantalón de tela ajustado a su piel con suaves bordes rojos, unos zapatos negros con cintas rojas brillantes casi semejante al chanele. Su camisa de vestir

