CAPÍTULO 9
Acalia
Al día siguiente me dirijo hacia el pueblo a comprar algo de ropa con la que se sienta cómoda Irene, ya que ella no quiso venir por miedo a que alguien le reconozca y vuelva al lugar donde la mantuvieron cautiva. Voy por las tiendas mientras encuentro variedad de objetos de recuerdos compro algunos para luego meterme a las tiendas de ropa entro y salgo de una y otra. Cuando salgo de la última tienda del día veo al chico con el que Cristofer discutió ayer así que decido acercarme para saber que fue lo que pasó en realidad.
Mientras me voy acercando veo sobre su hombro alguna especie de planos, pero no logro distinguir que tipo de proyecto sería, tampoco es que sepa mucho acerca de planos. Así que tomo un poco de valor y paso por su costado para sentarme frente a él.
– Veo que todavía sigues por aquí – le digo, a lo que él levanta la cabeza para mirarme fijamente – creí que te habías amedrentado por lo que dijo el señor de ayer – lo miro fijamente.
– No iba a dejar que mi trabajo sea perjudicado – veo como deja sus materiales a un costado – Espero que no pienses que soy un grosero.
– Al contrario, me parece admirable lo que hiciste desde que llegué al pueblo, eres el primero que enfrenta a Cristofer Quintana… porque todos hacen lo que él dice, pero tú no – indico recordando la escena que protagonizaron ayer en la plaza
– Puedo ser muy necio cuando tengo razón. Me llamo Saul – me ofrece su mano, la cual tomo sintiendo una sensación rara como un hormigueo que se expande.
– Acalia – hago una pausa, mientras suelta mi mano – Y… perdoname, pero ¿Por qué estaban discutiendo? – cuestiono medio dudosa.
– Pues soy arquitecto y presente un proyecto para hacer un centro comercial, lo cual las autoridades lo aprobaron, pero al señor Cristofer Quintana no le parece – argumenta – bueno ese es su problema
– Así es – asiento con la cabeza mientras me cuenta
– ¿Y tú de dónde lo conoces? – me pregunta
– Mejor ya no hay que hablar de ese señor – niego – ¡Yo tampoco lo soporto!
– Entonces… ¿Te puedo invitar a comer un helado o un café? – cuestiona con sumo interés – Así podemos hablar de lo que sí te gusta – sonrío
Acepto la invitación a lo que seguidamente llama al mesero para que tome la orden mientras termina de guardar sus cosas en su maletín. Cuando termina se acomoda para estar de frente dejando su maletín cerrado hasta que vuelve el mismo chico con los cafés y lo acomoda en nuestros sitios así que le agradezco antes que se vaya.
– ¿Vives aquí en el pueblo? – levanta su café para darle un sorbo
– No en las afueras en un hacienda llamada Amanecer – le respondo mirandole, a lo cual deja la taza a medio camino a la mesa.
– ¿Amanecer? – cuestiona – Entonces… – señala a la nada – ¿Cristofer Quintana, él es tu papá? – dice de forma descolocada – porque él es el due…
– ¡No! – le interrumpo rápidamente – la dueña es mi mamá – de forma seria le vuelvo a decir – ¡él es solo su marido!
– ¿Ese hombre es tu padrastro? – interroga
– Para mi mala suerte sí, por eso es que no quiero hablar de él
Pasamos el tiempo hablando acerca de casi todo, me cuenta que él vivía en la ciudad donde yo estaba y también sobre la muerte de su padre que fue en un asalto en un banco donde consiguió una bala perdida y como su madre lo pudo sacar adelante sola, haciendo que estudiara una carrera junto a su hermana.
– Mi madre nos enseño a como seguir – me cuenta y se le ve un brillo en los ojos de nostalgia cuando habla – Por eso me quedo con los buenos momentos que tuve con él, porque sino viviría amargado
– ¿Pero cómo lo logras? – le pregunto – la verdad es que yo me sigo sintiendo triste por su muerte.
– Pues piensa en todo lo bonito que la vida te da – se encoge de hombros – a él te lo quitó pero todavía tienes gente que para tí es importante y tu les importas a ellos
– Sí, pero es que me cuesta trabajo – le comento sintiendo un nudo en la garganta como si no me dejara continuar
– ¡Ojalá yo pudiera ayudarte a no estar triste! – pone su mano sobre la mía ocasionando que ese hormigueo vuelva, no se como explicarlo es una sensación que no había vuelto a sentir desde Fernando.
Después de un rato de seguir hablando Saul me acompaña hasta la salida del lugar para irme y se ofrece a llevarme, pero le digo que ya vinieron por mí, ya que llegó un trabajador para llevarme. De reojo veo que Fernando se encuentra cerca del carro que me espera, mientras escucho como Saul me pide mi número para luego contactarme para salir así que antes de llegar nos detenemos y me da su celular para anotar mi número, a lo que inmediato me responde que me timbrará para que yo lo tengo guardado. Así que nos despedimos en ese instante y retomo el camino al auto cuando estoy a punto de abrir la puerta comienza a hablar.
– ¡Creí que no hablabas con desconocidos! – escucho lo que dice Fernando así que detengo mi accionar y pongo los ojos en blanco.
– Bueno pues las personas cambian – le contesto tajantemente
– No creo que de un día a otro – refuta – cuando te lo pedí yo te negaste – giro y me doy cuenta que está más cerca de donde se encontraba antes.
– Me cayó bien ¿Acaso no puede dar mi número ahora? – está a punto de decir algo más cuando mi celular comienza a sonar.
– Dale contesta debe ser tu amigo – dice y le hago caso salvo que no es “mi amigo” es Claudia cuando pego el teléfono a mi oreja me alejo un poco.
– Acalia ya averigue lo de las cuentas sobregiradas
♥♥♥♥♥♥♥ ♥♥♥♥♥♥♥ ♥♥♥♥♥♥♥ ♥♥♥♥♥♥♥ ♥♥♥♥♥♥♥ ♥♥♥♥♥♥♥ ♥♥♥♥♥♥♥ ♥♥♥♥♥♥♥ ♥♥♥♥♥♥♥ ♥♥♥♥♥♥♥ ♥♥♥♥♥♥♥ ♥♥♥♥♥♥♥
Quisiera saber sus opiniones, los estaré leyendo!!