Solo faltaba un centímetro para que sus labios se tocarán nuevamente, carisa quería un beso profundo, algo que confirmara qué realmente no estaban en sintonias diferentes. Darío entrecerro los ojos pero realmente estaba viendo los labios húmedos de carissa.
Tentado, soltó un poco de aliento caliente qué choco contra la piel de la mujer, acariando la curva formada entre su cadera y cintura, en el instante que ya nada faltaba para por fin tocar sus deliciosos labios, cuando pensaron que no tenían prisa alguna, el teléfono del hombre sonó.
Arrugó su frente porque el segundo sonido parecía más estruendoso en ese silencio ensordecedor. Carissa no entendía porque no respondía a la llamada.
No tardó demasiado, Darío cerró los ojos con dificultad y como si el ambiente fuera cortado de la nada por un ente invisible. Todo volvió a esa distancia tan pauteada entre ambos.
Sacó el aparato de su bolsillo, apartandose cabreado:—¿si? —dijo con voz tosca, al instante en que del otro lado hablaron, su expresión cambió, se sobo el cuello y le dio un vistazo a carissa. Casi una mirada culposa y se dio la vuelta, para la sorpresa de Carissa, resintió su indiferente última mirada.
—si, estaré ahí en seguida. — Darío tomo su chaqueta olvidada y sin volver a mirar a la mujer espetó con calma.—debo irme, algo surgió.
Carissa pestañeó rápido y con ese tono desinteresado soltó un ruidito afirmativo. Darío se dio la vuelta como esperando algo más pero no la vio a los ojos, elevó su mano libre como queriendo comenzar una explicación pero la mujer ya se había desconectado de la anterior instancia caliente de los dos.
Como si no le importara.
Darío salió del apartamento y la mujer recién pudo sentirse tranquila, la puerta del fondo del apartamento sonó al abrir y cerrar, los pasos acolchados sonaron suavemente a través del pasillo desde los cuartos.
—pensé que tendría que estar encerrada ahí toda la noche, ese hombre ¡si que intimida!
La chica con una animada sonrisa levantó los brazos, estirandose mientras caminaba.
Carissa vio a su amiga, pensó que estaban solos pero no era así. Bajo sus pestañas y se notaba en todo su rostro la decepción, ¿ella era quien esperaba algo? Pues la verdad no lo había planeado pero ahora realmente quería ese beso.
—¿qué paso?
—no lo sé, después de aparecer por todos lados las últimas semanas, buscando y buscando como si realmente quisiera acercarse a mi, recibió una llamada qué no lo dejo ni siquiera besarme.
Hablo tan rápido que se quedo sin aire, se estiró y puso ambas manos sobre su rostro, frustrada.
—¿Estás bromeando? Quien llama y es tan importante a esta hora...
—su familia está en el hospital, quizás era sobre eso—mordió su labio inferior y entre cruzó los brazos —no, me lo habría dicho... Soy su médico de cabecera...
—cari, ese hombre no es para ti. Sí, esta bueno el condenado pero no es un hombre que quieras tener cerca. —dudo un minuto si hablar más —¿Sabes lo que dicen en la capital?
Carissa negó y se mordió el nudillo del índice, con tanto interés miró a su amiga que la mujer casi quiso reírse, sin embargo el tema implicaba sentimientos, los sentimientos de Carissa qué era una mujer sumamente des-querida, por así decir, de todas las personas que había amado.
—tiene una ex, esa mujer es el demonio, si, es bonita... No excelente ni preciosa, nadie puede envidiarle nada más que el hecho de que tiene al hombre más conocido y atractivo de la ciudad, aparte de rico y poderoso, colgando de su meñique. La gente del círculo social dice que pase el tiempo que pase, este tipo siempre cae con ella... De hecho, debes ser la primera mujer perseguida por el después de esa tipa, claro... Eres excelente y mil veces más hermosa, pero la primera, además Darío no vale tanto el esfuerzo como para amargarte por él. ¡Piénsalo!
Sí, puede pensarlo, darle vueltas al asunto y aun así, Carissa no podía quitarse esa incomoda sensación de angustia. Cada vez que se veían era como si ambos se atrajeran sin poder contenerse, para bien o para mal.
—Darío tassara es hermoso, pero hombres hermosos hay en todos lados. Darío muere y revive por esa chica, ella juega con él como el juega con todas las mujeres con las que se involucró después de ella. Cari, no quieres eso, no quiero decirlo de esta forma pero no te involucres con un hombre que terminará volviendo con una ex amante...
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La noche paso muy ligera, al principio su mente vuelta un caos, la hizo pensar que no necesariamente debía ver solo lo malo, pensó que no dormiría esa noche con todo lo que había en su cabeza pero mientras los minutos transcurrian y la oscuridad la envolvia cómodamente, se durmió.
Despertó con la alarma, no tenía que ir hasta después de las 14 hrs. Si es que no la llamaban antes y para su suerte, no la llamaron.
Natalia como si presintiera que se levantaría tarde, la esperaba con el desayuno listo. Encedio el televisor luego de darle un café y tomaron el desayuno entre risas. Pasado menos de dos horas carisa sintió el impulso de vestirse e ir al hospital, había sido una locura el día anterior, sus pacientes de seguro estaban bien o la habrían llamado y hecho un desastre pero no había ocurrido.
Se fue dos horas antes de su turno al hospital y aunque llamó la atención porque solo durmió unas horas, nadie dijo nada, ya estaban acostumbrados.
Camino supervisando algunos pacientes más y luego fue a la habitación del chófer de los tassara, su familia estaba agradecida y la llenaron de cestas de frutas y regalos, a diferencia de la niña pequeña y el niño que aun dormían, estables pero eran pequeños y sus cuerpos más frágiles.
—no se preocupe, ellos están bien, el descanso es fundamental después de lo que pasaron, estaremos supervisando su recuperación. —ella miró una pequeña señal de Darío en el cuarto pero nada, hasta que el anciano preguntó.
—Darío debió darte problemas anoche —una sonrisa pícara se dibujo en su rostro pero la expresión de carisa, que le daba a entender que no entendía nada, le hizo querer retractarse de su pregunta. —¿no fue contigo anoche? Bueno, debe estar en la empresa, ese chico solo sabe trabajar.
Carisa sonrió y dobló el cuello.
—debe ser un malentendido, solo somos conocidos, no hay ningún tipo de relación entre nosotros, tampoco habrá algo similar.
La puerta se deslizó y la mirada cabizbaja de Darío la encontró de frenton.
—cari, que bueno que te encuentro, el paciente de la 15 esta con problemas nuevamente... —irrumpio Patrick y se la llevo de ahí sin más que un saludo para Darío.