—Súper feliz, ¿está todo listo? —Fredycsen asiente, le entrega unos planos y una cesta. —Si joven Basquin. —Ascher abre el plano de su casa—. La entrada es por aquí. —Señala en el papel—, Pero no hay salida, debe regresar por donde vino —se explica en forma de disculpa. —Tranquilo, ya me las ingeniaré para que ella no vea, gracias por calentar la comida que preparé. —Lo abraza y este se sorprende. —De nada. —Sonríe. Dejan el abrazo y Ascher vuelve a su auto, mete la cesta en el maletero y luego se adentra de piloto, encontrando a Holly destapándose los ojos. —No seas tramposa —bromea antes de que se los quite. —Perdón, pensé que ya habíamos llegado. —Comienza a reír un poco abochornada. —Yo te avisaré. —Coloca el auto en marcha. —¿Es muy lejos? —pregunta indiscreta. —Tan lejos co

