MATTHEW La película comienza. Una de robots, con acción y batallas intergalácticas. Damian se acomoda entre Evi y yo, con un bowl de palomitas sobre sus piernas. Está emocionado, se mueve, ríe, comenta cada escena como si fuera parte del elenco. —¡Ese robot tiene que ser el bueno! ¿Viste cómo salvó al otro? —dice, los ojos brillándole. —¿Y si resulta ser el traidor? —le respondo, entrando en su juego. —No, no. Mira cómo lo mira, con ojos de "soy tu amigo". Eso lo delata —asegura, llevándose palomitas a la boca como si fueran evidencia. Lo miro, más de lo que miro la pantalla. Sus reacciones, su entusiasmo, su lógica infantil que a veces roza la genialidad. —¿Tú crees que los robots sueñan? —me pregunta de pronto. —Tal vez. Si les das la programación correcta, pueden imaginar. O por

