MATTHEW Siento cómo el aire se congela en mis pulmones. La voz de Damian, esa pequeña voz que ya se ha metido en lo más profundo de mí, acaba de lanzar una bomba. —¿Tú eres mi papá? —pregunta con tanta naturalidad que por un segundo pienso que soñé lo que acaba de decir. Veo cómo todos en la mesa se tensan. Alguien tose, otro carraspea. Evi me lanza una mirada cargada de súplica, mientras le acaricia el hombro a Damian y dice con dulzura: —Amor, ¿por qué piensas eso? Damian se encoge de hombros y responde como si hablara del clima: —Porque me parezco a él, mamá. Y porque ayer me explicó lo del ADN y los genes. Y porque... no sé... él me escucha. Me entiende. Y también le gustan los robots. Mi boca está seca. No puedo decir nada. Solo lo miro. —¿Le atiné? —pregunta de nuevo, con esa

