MATTHEW Está frente a mí. Y no puedo más. El alcohol enturbia mi juicio, pero no mis emociones. Y verla aquí, en mi casa, con esos ojos que siempre me miraron como si realmente me vieran, con esa boca que aún recuerdo con una precisión dolorosa, me derrumba. No hay estrategia. No hay plan. No hay venganza. Solo hay ella. Y el peso de seis años sin tocarla. La beso. Sin permiso. Sin pensar. Solo la beso como si eso pudiera borrar todo lo que nos rompió. Como si pudiera retroceder el tiempo con un acto desesperado. Y ella me responde, con igual desesperación, con la misma urgencia que me consume. Su boca es un incendio dulce. Su piel tiembla bajo mis manos. Su cuerpo se amolda al mío como si el tiempo no hubiera pasado. Como si su ausencia nunca hubiera existido. La levanto sin esfuer

