MATTHEW La puerta se cierra con un estruendo detrás de Evi. El eco queda suspendido en el aire como un latigazo. Y yo me quedo ahí, medio desnudo, con el corazón latiéndome en el pecho como si acabara de perderlo todo. Porque lo hice. Otra vez. Me siento un idiota. Porque sí… sí le mandé ese maldito mensaje a Jelena. Camino de regreso a la habitación tambaleando, con la vista borrosa y la garganta seca. Y cuando entro, ahí está ella. Jelena. Desnuda sobre mi cama como si fuera suya, con una sonrisa ladeada, jugando con un mechón de su melena rubia. Y algo dentro de mí… se rompe. —¿Cómo entraste? —le espeto, la voz áspera, cortante. Ella parpadea, inocente. —Le dije al de recepción que era una sorpresa para mi novio. Fue adorable, ni preguntó nada. —No somos novios, Jelena. —Mi tono

