La tensión densa volvió a cubrirnos como si fuese una manta lúgubre. El silencio reinó por unos largos segundos, la situación bochornosa e incómoda mutó a desagradable. Todo parecía tan irreal, pero nunca quise que esto sucediese, no así. Lo nefasto —aparte del silencio— era no tener idea de cómo comenzar la conversación con mi hermana ni del cómo comenzar a explicarle todo lo que ha sucedido en estos meses. A eso debía de sumarle el hecho de que tampoco tenía alguna idea de cómo lo estaría llevando Eliot con su hermano. —¿Y bien? Estoy esperando, Alessia. La voz fría y atiborrada de enojo de Fran me produjo una sensación de malestar. Sabía que su actitud tranquila era solo un disfraz para mantener algo de control, pero las cosas ya estaban tensas y, por más enojo, debía de mantener la

