—¿Y esa sonrisa se debe?— Erick aparece por el umbral de la puerta observando a su hermano. Eros muerde su labio inferior negando con la cabeza, para que no empiece con sus chistes.—¿Puedo hablarte de verdad, o vas a burlarte?— Sisea rodeando los ojos. Erick se dibuja una aureola imaginaria en la cabeza y le guiña un ojo tomando asiento, haciéndose el amor y señor de la oficina al pasar por la misma sin esperar a qué Eros le dé el paso. —Creo qué te estás equivocado de persona si crees qué me puedo llegar a burlar de vos, idiota.— Se burla colocando sus ojos en blanco. Eros pasa una mano por la comisura de sus labios y mueve levemente su cabeza hacia un costado. —Solo soltalo, Eros, es obvio que es por la rubia.— Sube sus hombros arqueando levemente sus cejas. —Ahora lo qué me causa

