Tras bailar juntas con entusiasmo, como niñas, ante la mirada curiosa de los hombres, Ava y Lena se retiraron a uno de los salones del piso superior. Había varias mujeres allí, y se hizo un extraño silencio nada más entrar, lo que puso nerviosa a Lena. Pero Ava, siempre segura y tranquila, se sentó elegantemente en uno de los muchos sillones y aceptó con gracia los numerosos aperitivos que le ofrecieron los sirvientes que la esperaban. "El bebé me da muchísima hambre", dijo Ava mientras masticaba delicadamente. Lena siguió sus movimientos, dándose cuenta de que ella también necesitaría comer algo. Había bebido demasiado champán con el estómago vacío. "¿Deberías estar descansando?", preguntó Lena. Había olvidado por un momento lo claramente embarazada que estaba Ava. Había estado tan ll

