Es una caricia que él no rechaza. La dureza de su abdomen me lleva a querer tocarlo más. Me hace soñar con un beso suyo. Me pone completamente idiota. Entiendo mis límites y la situación, pero soy una mujer enamorada. Estoy hasta los huesos por mi marido aunque su actitud sea la más indiferente y cruel. Es la yema de mis dedos hierve cuando se desliza por su piel. Es el deseo que no puedo ni podré controlar jamás, si está cerca de mí. Es ese s*x appeal que siempre desprende. La sensualidad de su postura intimidante y erguida. El magnetismo de su mirada, el color entre dorado y tostado de su piel, la decena de tatuajes que la adornan. Tatuajes que me describen, que me reflejan, que se impregnaron en él para llevarme consigo. No puedo contenerme si Rashid es la perdición en envase de

