Abro la boca para decir algo pero él me calla, poniendo su dedo índice en mis labios. —Te amo —me dice, inclinándose hacia mí—. Y te deseo. Su rostro, tan cercano al mío, su aliento, que se mezcla con sus palabras y el vapor que emana del agua, y sus manos dibujando cortas líneas rectas por mis hombros, empiezan a desconcentrarme. Es como un efecto hipnótico. Es su mirada oscura y profunda que brilla y me encandila, su camisa abierta, que me muestra su pecho, su piel dorada y sus espectaculares tatuajes, sus palabras dichas en susurros aletargados y roncos lo que me hacen cosquillas en cada terminación nerviosa de mi cuerpo. Un cosquilleo que recorre mi columna, atraviesa mi torso y baja por mi abdomen. Trato de tocar su pecho, pero él me frena, apoderándose de mis dedos. Los lle

