Le veo suspirar profundo. Con sacrificio se levanta del sillón y camina hacia las escaleras. —¿A dónde vas? —pregunto, siguiéndolo con la mirada. —A dejar de perder el tiempo —sube los primeros escalones—. Deberías hacer lo mismo. —¿Qué? —pregunto contrariada—. ¿Qué dices? —voy tras él y me paro al pie de las escaleras. —Habibi —se detiene y me observa por encima del hombro—: arma las maletas y avísale a Meredith —sube un par de escalones más—. Ya escuchamos al doctor: la habitación del hotel está reservada y yo, la verdad es que quiero ver a ese bendito neurólogo cuánto antes. Muevo la cabeza de un lado al otro y no puedo más que aceptar lo que dice. Tiene razón. Cuanto antes nos marchemos, mejor. Doy vuelta, camino por la sala, voy al rincón más lejano y me paro a pocos metro

