Los días comenzaron a pasar. Rápido algunos, otros demasiado lentos y agónicos. Han sido seis semanas de cambio, de adaptación, de esperanza y de desesperanza. A todos nos ha pegado duro la noticia que dejó de ser secreto para la familia. Mi madre, no paró de demostrar su apoyo y cariño hacia mi esposo. Mi padre y mi padrastro han estado acompañándonos y ayudándonos, principalmente en brindarle a Rashid buenos consejos y mucho optimismo. Bruna, desde la mañana que me vio llegar a la clínica con unas ojeras de espanto por pasarme la noche despierta, tampoco se ha separado de nosotros. Y con su forma poco sutil y nada cariñosa le rogó a mi arabillo que pusiera todo su empeño en salir adelante. No transcurrió demasiado tiempo luego de la confesión de su enfermedad para ser testigo

