BRUNO Estoy muy furioso, no puedo creer que esa mujer este libre, tengo que poner seguridad en la casa y para Rosalinda, porque si esa vieja le pone una mano encima, juro que pierdo la caballerosidad. Llamo a un amigo que es dueño de una agencia de seguridad, le explico mi caso y quedo de enviarme cuatro de sus mejores hombres. Rosalinda está entretenida con la decoración del dormitorio de nuestro hijo, ella tiene un presentimiento que será varón, yo lo que venga amaré con todas mis fuerzas, miro que la decoración se inclina a un varoncito. Espero que ella tenga razón. —Señor, unos hombres lo buscan. —Son ellos, bajo recibirlos. —Hola, soy Bruno. —Soy Carlos, encargado de cumplir sus órdenes. —Vamos a mi despacho. Cierro la puerta cuando entramos, les digo que se sienten, yo me sient

